Son muchas las costumbres y maneras que se pierden con la maternidad, ya lo sabemos, hartas estamos de comentarlo en corrillos callejeros cuando nos ataca esa vena de “¿Donde habré dejado yo mi yo?”. Pero creo que una de ellas, al menos una, es común a casi todas las madres del planeta: la pérdida total y absoluta de la vergüenza. La consciencia de tu propio cuerpo y la facilidad con que lo muestras a los demás durante la vida materna roza casi los límites de la exhibición.

Desde que te quedas embarazada y comienzan las ecografías y exámenes mensuales sabes que se inicia una etapa en la que tu entrepierna será más visitada que la de la buena de Mesalina. Al principio te resultará inquietante mirar a los ojos de tu ginecólogo después de una exploración, te sentirás violenta y obligada a tener conversaciones de ascensor tipo “Parece que refresca, ¿no?”, pero al final se establecerá entre los dos una conexión casi cósmica, lógico si tenemos en cuenta que el buen hombre sabe exactamente el estado de las paredes de tu útero y te ha visto los órganos más internos y escondidos, sin necesidad siquiera de invitarte a cenar un día.
Visita tras visita, tu facilidad para desnudarte en su consulta crecerá exponencialmente y habrá días en que hasta te desabroches el suje en el ascensor para ahorrar tiempo, que con la batería de preguntas que llevas anotadas en el cuaderno, igual suena la campana antes de que termines tu exposición y debas volver a casa con la misma ignorancia con que saliste.
Si rompes aguas en la intimidad de tu casa todo irá bien, sólo tendrás que llamar al padre de la criatura y él ya se lo espera, pero si se te ocurre hacerlo en la moqueta de la oficina, tendrás que explicarle a Paco el de Administración algún que otro proceso biológico que el pobre sólo vio en los libros de COU. Con una mano delante y otra detrás, y la sensación de haberte caído vestida a una piscina de niños, llegarás hasta el hospital mojando el skay de cuantos asientos encuentres a tu paso.
Mientras dilatas tranquilamente tralará larito en la habitación del hospital, conectada a un transistor que te dice hasta la presión atmosférica y el tiempo que va a hacer la semana que viene en Tomelloso, alguien llamará a la puerta y susurrará ¿Se puede? Con precisión mecánica te desabrocharás la bata y te tumbarás presta sobre la cama, con las piernas en perfecto ángulo de 90 grados, mientras canturreas distraída “ay, a ver si hemos ganado ya un centímetro más, ¿verdad, doctor?”
Yo sólo venía a ver si tienen ustedes monedas para la tele – te contestará un ser ojiplático – y no he traído herramientas, ni metro, ni nada. Ya lo siento, señora.
Tranquila, si es que con esa uniformidad de batas blancas ya no sabe una con quien tiene el gusto de hablar…
Borrachísima de dolor y anestésicos, las escenas que vives en el paritorio son muy cómicas todas, como de entremés variado. Desnudica toda tú y rodeada de más cabezas que en una final de la Eurocopa, una serie difícilmente cuantificable de manos te conectarán y te pincharán como si fueses un aperitivo. Eso si no tienes la suerte de toparte con una señora robusta que te abofetee tras el parto para que recobres tu prestancia de ánimo, como me sucedió a mí una vez. Palabrita.
Durante tu estancia en la habitación, si das con personal hospitalario diligente y mañoso, habrá momentos en que hasta hagan la cama contigo dentro. Ahora de un lado, ahora del otro, vuelta con semiflexión lumbar…y voilà. ¿Quieres que te lavemos? No gracias, ya me apaño yo.
Mientras te vas a casa sonríes aliviada pensando que recuperarás tu cuerpo y tu intimidad, pero nada más lejos. Cuando el miniser llore desconsolado, te echarás instintivamente la mano al pecho para valorar su masa y consistencia y ver si ya está listo para atender necesidades ajenas, algo diferentes en esencia a las que estabas habituada. Comprobación tras comprobación terminarás acostumbrándote a tocarte la pechera con tanta naturalidad, que hasta lo harás en las reuniones del Comité e incluso cuando ya no sea necesario dar de comer a nadie en la sala.
Si la hora de la comida te sorprende fuera de casa, al principio te esconderás ruborizada bajo el jersey o algún pañuelito sedoso que portes a tal efecto. En tus últimos meses de lactancia sopesarás ponerte publicidad sobreimpresionada en la zona del torso porque las páginas vista de tu canalillo superarán con creces las de Google y Yahoo juntas.
Reconozcamos que entre mujeres también somos muy dadas al exhibicionismo, ojo. ¿Cómo dices que te quedó la cicatriz de la cesárea? Así, mira. Ah, vale, qué bien. ¿Qué importa que hayas coincidido azarosamente con esa mujer en un baño público y ya no la vuelvas a ver en tu vida? Tanto mejor.
Jugueteando con tus pequeños en plena calle, o en el parque, también puedes aprovechar para enseñarle el culo al mundo, por poner un suponer. ¿Quién no se ha agachado a atarle un cordón al peque y ha visto cómo la cinturilla del pantalón le bajaba hasta medio muslo? ¿Identifican ustedes la postura? Inmediatamente te levantarás y recolocarás la tela en un coqueto gesto, pero la foto ya te la han hecho, bonita, y esa línea divisoria de cachetes que dejaste entrever quedará por siempre grabada en la retina de todos los que por allí pasaban.
Llevar a un bebé en brazos con capacidad ya para manejar sus deditos prensiles y agarrarse a tus botones de la camisa, siempre es un peligro manifiesto, también te advierto. Cuando no le dé por meter directamente el puño por el pico del jersey, como la mano inocente seleccionada entre el público para sacar de tu escote la bolita premiada. Este gesto tan lleno de amor filial suele cerrarse con alguna frase tipo “ay, qué rico el chiquitito, querrá comer y buscará platito”. Sí, no pasa nada, para el resto de la humanidad tú sigues siendo una bolsa de Triskis.
Otro acontecimiento ciertamente chisposo es hallarte hablando con el marido de una amiga en la piscina y que tu hijo de repente te baje el bikini. Trataba el angelito de trepar hasta tus brazos cuando en su camino halló un lazo del que tirar para asegurarse en su escalada. La verdad, no entraba en tus planes dar tanta información a los vecinos, pero ya que estás comentarás sin pudor alguno lo bien que hacen la cera en las inglés en la peluquería que hay frente a la urbanización. Y tan pichi.
En definitiva, amigos, las madres solemos ser sinceras, singulares, sinforosas y a veces hasta siniestras, pero por encima de todo somos siempre unas sinvergüenzas… Qué remedio.
Unas sinvergüenzas todas…,








He visualizado todos y cada uno de esos momentos… ayer mismo se me ocurrió llevar una camisa de corchetes, sin nada debajo…. y no hay nada como un niño para abrirtela….en medio del centro de salud!!! Menos mal que estuve rápida, como lo tuve que estar en la piscina el año pasado, cuando me bajó el bikini, etc… otro gran tabú los los vestidos…antes a las bodas siempre iba de corto, no demasiado corto, pero de corto, a la última se me ocurrió ir así, sin contar con que ya tenía que correr detrás del nano, y agacharme…. en fin, creo que era demasiado corto jajajjaa, para la próxima iré de largo seguro!!
Una amiga mia le abrochó el otro día el cinturón del coche a su hijo portando ella un bonito vestido corto y le vio la entrepierna toda la comunidad de vecinos. Eso sí, le aplaudieron mucho y han decidido rebajarle la cuota de la comunidad. Algo es algo
Me encanta la chispa con que escribes y el punto de vista sin edulcorantes desde el que lo haces… Enhorabuena!
Muchísimas gracias!! Me alegro de que te guste!!!
¡¡Por Dios qué razón!!. Ser madre y pudorosa es incompatible. Respecto a lo del bikini, experimentado el riesgo de quedarte en pelotas un día tras otro, decidí dejar de usarlo hasta que mis hijos tengan 14 ó 15 años por lo menos.
¿Bañador? ¿Nudismo directo? Te advierto que ambas dos opciones son buenas
Jajaja qué buena entrada, me has hecho reir, no si al final estamos en pelotas todo el día, mis tetas ya las han visto niese sabe cuánta gente. El otro día se me pasó y salí del despacho con el sacaleches en una mdno, el biberón en la otra y la camisa medio desabrochada, justo cuándo venía un grupo de prácticas a conocer el centro…
Ay, qué bien, te faltó el grupo de japoneses haciendo fotos…
AY, qué imagen tan reciente… me estaba sacando la leche en el despacho con varias sillas a modo de barricada y llamaron a la puerta: di un grito en forma de NOOOOOO, me quité el artefacto de la pechera, retiré las sillas y pregunté abriendo la puerta quién había perturbado mi paz láctea. Menos mal que llevaba camiseta interior negra porque el jersey lo tenía arremangado hasta el cuello y la camisa de par en par.
Nunca fui demasiado pudorosa, esa es la verdad. Pero, efectivamente, desde que me quedé embarazada del mayor, no tengo vergüenza ninguna. Te enseño lo que haga falta en cualquier momento, ya ves tú…
Jajajaja lo ves como en el fondo somos unas exhibicionistas? ¿Quien no le ha dicho a una amiga? “Dios mío, me toca darle la toma y creo que voy a explotar. Mira, toca…. ”
Y así no se puede, oiga…
Cuánta razón, porelamordediós! Mi madre siempre me lo decía, que en cuanto entras en el hospital y te ponen la batita atada por detrás, tienes que asumir que le vas a enseñar el culo hasta al celador en prácticas. Lo harán a propósito para dejar-nos sin dignidad y no demos mucho la lata?
Es una opción, mira tú, pero yo creo que lo hacen simplemente porque nos ven como filetes de lomo gigantes….
Jajajaja… buenísimo. Por no hablar de aquel momento en que estás dando el pecho en la terraza de un bar y hablando súper entregada a un tema de “adultos”, y de repente tu hij@ suelta el pezón y empieza a distraerse con un pájaro y tu te tiras los siguientes tres minutos sin darte cuenta que estás con la teta al aire… ¡Y tan tranquila! Con lo que habíamos sido….
Besos.
Más que cierto! O cuando terminas de darle el pecho y te diriges al camarero para pedir algo con un círculo mojado en la blusa y los botones desabrochados hasta el ombligo…. Dime a tú donde se nos quedó el glamour, pordiossss!
Buenísimo! Menudo listado de situaciones tan y tan familiares!!!!
Me has hecho reír mucho!
Me alegro mucho!! Reírse de una misma es más sano que la zanahoria. Y también tu cura la vista!
Genial Madreeeeeee pero genial de verdad de la buena. Tienes toda la razón, asumidísimo tengo que ir en bolas es mi estado natural, y si no lo es ya se encarga el enano de que lo sea, bajándome los pantalones, subiéndome los vestidos o rebuscando en el jersey las tetas y mostrándoselas al mundo. Ay… con lo que hemos sido ;o)
PLAS PLAS PLAS….aplauso y reverencia guapa!
Pensemos que nuestros hijos nos ven tremendamente guapas y quieren mostrarnos al mundo en toda nuestra divina desnudez. O eso o es para darles dos guantás!
Deseandico repetir bailes, rubia!
Jajaja. Muy bueno. Y muy cierto. A mí me dijo un enfermero muy simpático y con bastante pluma (ponle tú el tono) cuando fuí a parir a mi primer hijo: “Bonita, aquí te quitas las bragas ahora y ya no te las pones hasta que salgas por la puerta del hospital”. Tal cual.
Igualico que unas vacaciones en Ibiza con 10 años menos…
Ja, ja, ja!! Como puede cambiar el cuento en diez años!!! Si nos lo hubieran dicho no nos lo habriamos creido, pa lo que hemos quedao!!
Ni pa’ picao de albóndigas, que diría un jefe mío, años ha…
Si, la verdad que ser madre y vergonzosa, es todo un problema…una aprende a desinhibirse a pasos agigantados, y lo peor es que llega un momento en que esas situaciones te parecen de lo más normales…
Aviso, mi tenedor a metido la mano en el escote de más de una amiga, ellas tampoco están a salvo!
Jajajja es verdad!!! Retoños que atacan el escote de tus amigas con total impunidad… Amigas que por otro lado, si no han pasado por la experiencia, le mirarán con cara de terror como si fuese un sobador de Metro
Se me han saltado las lágrimas y salido los mocos con tu entrada, me has alegrado el día, no te digo más!
Y tan feliz que me quedo yo por saberlo! Gracias!
POr favor cuantas verdades bien escritas y descritas ainss ese momento de pago en el supermercado con tu monillo colgado a tu cintura sujetandose en la abertura de la camiseta mientras los leggins que te quedan justitos por el efecto del peso aplastante de sus piernas en la cintura se bajan y ploff sale ese michelin de “cuando estuvo embarazada…. y ya tiene el niño casi dos años…”.No sé algun día quizás volvamos a ser mujeres recatadas y finas conscientes del entorno y su figura jejeje mientras tanto estoy es lo que hay!!!
Ay, la lorza saliente…ésa merece un post entero para ella sola!!!
Bueníssimo!!!Hemos perdido en norte y el decoro!!!! Ya no sabemos que enseñar ni que és tabu!!!Que gusto!!!
Lo que viene siendo la socialización de la información, amiga, incluso de la más íntima y recóndita!
Jajajaja, ya pensaba que no hablabas del puño en el escote. Esa es fija, repetitiva y siempre, siempre, en el lugar y ante la persona menos apropiada.
Y lo del biquini? Es que quién nos manda ponernos biquini, por favor! Jejeje, toda la razón del mundo, si ya antes era poco pudorosa ahora mostrar mis “encantos” es lo más natural del mundo, o es que no me queda otra que tomarlo así.
Buen post. Saludos.
Neoprenos para madres, para que los niños se escurran. Pero ya!
Ay, cuántas verdades juntas!! Yo como desde pequeña he sido nada pudorosa, tirando a exhibicionista… lo de la lactancia lo llevé bastante bien. El parto, post parto y cuestiones ginecológicas ya son otra cosa. Muy divertido lo de las comparaciones de cicatrices y “troscas” entre madres, es verdad!! y es que mal de muchos… Como siempre, genial!
Mal de muchos, consuelo molón!
Gracias, guapa!
Ay, qué reflejada me he visto!!! Ese paritorio plagado de gente, que ya no sabes, quién es médico y quién el técnico de la TV…
Este verano, mi chico me tenía que reñir porque me paseaba sin pudor por casa, allí estuviera quien fuera. Total, si ya me ve las tetas media España, por un poco más, tampoco pasa nada.
Y lo del pantalón cuando me agacho, es un continuum…
Buenísimo, me he carcajeado en la oficina. Gracias!
No hay pudor, amiga! Ni pudor, ni intimidad, ni ojos que no hayan visto nuestras carnes prietas en un descuido! Asín son las cosas!
Gracias a ti por la visita!
GENIAL EL POST DE HOY, me he visto en casi todas y cada una de las situaciones que describes con tanta gracia. Me acuerdo concretamente de estar en el quirófano (mi hija nacio por cesarea) y un enfermero, al que luego he visto por la calle (menos mal que él no me reconoce), me levantó directamente la teta para ponerme uno de esos parches para oír el latido del corazón o algo parecido, qué verguenza, aunque en ese momento ni lo piensas. Por cierto lo de Tomelloso me ha llegado al alma porque viví allí tres años, me enamoré, me desilusioné y me volví a enamorar del que es hoy mi marido y padre de mi hija. Me he mondado de risa en la ofi. Muchas gracias.
Cruzarte por la calle con quien un día te levantó una teta es ciertamente incómodo, estoy de acuerdo contigo…
!!
Un saludo desde aquí a todo Tomelloso
Embarazada del pequeño solía llevar un vestido corto, de esos que antes de estar embarazada ni soñaba con llevar, pero ya no estaba gorda, estaba embarazada y había que aprovecharlo; con lo que no contaba era con la ilusión que le hacía a mi hija enseñarle la barriga con su hermano dentro a todos los niños, mamás, papás, abuelas, abuelos… transeúntes en general. Total, que ahora todo el mundo recuerda mis tangas, eso sí, nadie vio mi cara y ahora paso desapercibida completamente
Entiendo que la enseñaba desde abajo, así con toda la tela pa’rriba.. Qué bien. Qué frescor… Yo de esos vestidos también guardo, pero me los puse tanto que ya no me los puedo poner. Inmediatamente me veo embarazadísima y me extasío y angustio yo sola.
Entre Eva y las comentaristas, me habéis confirmado que vivo en la inopia. Año y medio de parque y piscinas con bebé y nunca me he enterado de un canalillo ombliguero, una cintura con hucha incluída ni muchísimo menos una indiscreta bajada de bikini… yo que creía que estaba a todo!!!
Intentaré fijarme a partir de ahora…
Será que usted sólo tiene ojos para una mamanatas, amigo, como debe ser, porque mujeres destetadas se ven por doquier, créame!
Lo peor es que tampoco se haya fijado en mí en esas situaciones comprometidas… bueno, lo de la hucha sí me lo ha dicho varias veces… joer, es que la moda esta de los vaqueros de cintura bajísima es lo que tiene
Ahora voy a tener que explicarle a Paco el de Administración, porqué me he hecho pipi encima al leerte -“ay, a ver si hemos ganado ya un centímetro más, ¿verdad, doctor?”
Yo sólo venía a ver si tienen ustedes monedas para la tele-
Jajaja yo estoy seguro que en mi proceso de dilatación, me examinó incluso un camillero, estoy segura, el Sensei dijo que era un auxiliar, pero a mí no hay quien me quite de la cabeza que era un camillero.
Jajajaja Camilleros que se ponen las botas, de todo hay, amiga! …Y todo puede ser, ojo, que no está una en ese trance dispuesta a pedir doctorados ni credenciales…
Por dios, ¡qué risas! entre el post (genialísimo) y los comentarios me llevo partiendo un rato largo.
), jejeje
Y por lo que estoy viendo nos pasa a todas lo mismo o muy parecido, mi chiquitajo, que hace ya unos meses que ya no toma teta, sigue metiéndome la mano por el escote, aunque lleve jersey de cuello cisne, así que te puedes imaginar como están los pobres; lo más gracioso es cuando tiene mucho sueño y ya le mete la mano por la camisa al padre, si es menester
Y lo de levantar los vestidos y faldas, por ahora sólo lo ha hecho en la intimidad de nuestro hogar, pero es que el tío mete la cabeza debajo y ya es muy fuerte, así que el vestuario para la calle cuando vamos juntos ha quedado reducido a pantalones (y de talle alto
Pantalones de talle alto o armadura.. que nunca se sabe!
Buenisimo, igual que todo lo tuyo, pero hay quien conserva el pudor hasta el final y no le dan la teta al niño por no enseñarla. Yo fui de vacaciones a Italia con elúnico de 3 meses y todas las fotos son: el Foro y mi teta dcha, el Ponte Vechio y mi teta izda, el Coliseo y, claro, mis dos tetas (es mucho monumento sólo para una). Y a la vuelta a España mi marido iba en una dirección, por temas de trabajo, y yo en otra, corriendo como loca por el aeropuerto a puntito de perder el avión, llego desmelenada, sin aliento y con mis 8 brazos ocupados a la cola de embarque. Un amable joven me ayuda muy solícito con el carrito, la súper maleta del bebé, mi bolsito de mano con todo mi equipaje dentro, la bolsa de pañales-agua-toallitas-crema-chupoderepuesto y casi, casi me coge en brazos para entrar en el autobús. ¡Qué amable! pienso yo cuando, de pronto noto un fresquito, miro hacia el ombligo y ¡oh sorpresa! no llevaba abrochado ni un sólo botón de la blusa, se ve que en fragor de la batalla se me fueron soltando toditos y crucé el Prat de punta a punta enseñando mis (por aquel entonces) exhuberantes y henchidos (a veces hinchados, según) pechos. Ni me inmuté, la verdad.
Como se nota que “el amable joven” no era mamá, si no te habría dicho tranquilamente que se te veía hasta el colondrillo. Pues buenas somos….
Acabo de descubrir el blog y me lo estaba pasando pipa leyendo, pero al llegar aquí e imaginarme la situación con la blusa abierta corriendo por el aeropuerto me ha entrado tal ataque que aún estoy llorando de la risa!!!
Gracias a la autora del Blog (que no sé ni cómo te llamas, de verdad recién descubierto) y a l@s comentarist@s, pero en especial a este de Paz, que me ha alegrado el día (que va complicao hasta ahora, a ver si con esta inyección energética por la risa se va arreglando
Bienvenida, Lola!!! Nada como echarse unas risas aunque sea de las desgracias (y las tetas) ajenas!
jajajaja, me encanta como escribes y como narras lo que nos ocurre a todas. Lo de que perdemos la vergüenza, el pudor y hasta la dignidad, es una verdad como un templo.
Quizás no estéis de acuerdo conmigo, pero yo me sentí como si hubiera perdido la dignidad cuando ayer iba por la calle empujando la silla de Bichi y canturreando, lo suficientemente alto para que me escucharon los transeúntes, “Ahora que vamos despacio, ahora que vamos despacio, vamos a contar mentiras, tralará, vamos a contar mentiras, tralará…” Es como cuando conduces sin pensar en lo que estás haciendo y llegas a tu casa como en un viaje en el tiempo sin acordarte de ni como lo has hecho. Es algo totalmente inconsciente, pero también ridículo.
Pero cantar no es muy ridículo… Yo a veces llevo a Laniñas por las mañanas al cole cantando con voz de diferentes animales y los vecinos me tiran flores y cacahuetes a mi paso. Molo mucho. Hay días en que si no canto, lloro, así que mejor desafinar, no?
Por cierto, a mi me pusieron a parir tipo vaca, usease con el culo en pompa. Una de las veces que miré para atrás estaba mi marido, la auxiliar y una enfermera mirando con la cabeza apoya en las manos. Me sentí una artista en plena actuación.
Cuando he leído “ponerte a parir” por un momento he dudado de si te estaban insultando… Bonito origen el de la frasecita…Cagontó.
Jajaja, la otra mañana estaba diciéndole a la gremlinnanny que la niña acababa de comer y yo me iba a trabajar. Notaba que la señora me miraba la teta derecha con mucho descaro, la cosa ya me parecía casi violenta… así que decidí mirar yo también. Resulta que yo tenía la camisa abierta y la “ventanita” del sujetador de lactancia bajada.
En el fondo me alegré… podría haber salido así de casa perfectamente
Gran entrada maja!
Ay, esas ventanitas! buenos disgustos dan! Recuerdo veces en que no se daba una ni cuenta hasta que notaba el frescor. Y ya era tarde. Tiempo de exposición a los elementos, hora y media, calculando por lo bajo…
Ponte a dar de mamar en el parque y siempre encontraras algún-a cantamañanas que te mire mal, aaayyysss que traumas nos entran
madre estresada
… estés donde estés y hagas lo que hagas, siempre habrá algún capull@ que te mire mal. Lo que nos gusta mirar mal y criticar en la distancia, madre! Devolverle un ignorito es la mejor terapia
Excelente, excelente, excelente…. me alegraste el día….. todo es TAL CUAL
Saludos desde Washington DC. Mariana
Mil gracias, Mariana! …. Recibe desde el otro lado del charco!
Jajajaja Buenisimo
Ayyy yo perdí la vergüenza antes incluso de quedarme embarazada, ya que tuve que ir a Reproducción Asistida y cada vez que iba a un médico, me daba igual al de cabecera, al dentista, mi cabeza pensaba nada mas cruzar la puerta, pasa y bajate la braga, ahora incluso lo echo de menos!!
Jajaja si es que una coge la costumbre de desarroparse y ya no puede parar!
jajajajjajajaja. Cuánta razón tienes!! Pero es que estamos taaaan cansadas!
Genial el blog!!!
Yo también tengo un blog de maternidad irreverente. Pásate si te apetece
http://hijanohaymasqueuna.blogspot.com.es/
Y además es cierto, enseño el culo a diario. Y me da igual. No somos nadie.
Muy bueno el blog, Mater! Gracias!
Yo, tonta de mi, borde una toquilla para cuando le diera de mamar ponersela por encima. Pues mi unico ni con 3 semanas la dejaba, vamos! era ponersela y el pegar el manotazo, que no se ni como lo hacia, y quitarla. Un dia, con 2 meses fuimos con unos amigos a tomar unas cervezas y los ninhos (2 y 4 meses, respectivamente). Y yo lleve un vestido que no habia forma de bajarlo disimuladamente para dar de comer. Por supuesto, a mi unico le apetecio comida, no podia esperar!! hice mil cosas para intentar disimular, pero al final no tuve mas remedio que bajarme el vestido casi hasta las piernas y darle de comer!! que verguenza!! 7 anhos han pasado y no he vuelto al bar, no vaya a ser que los camareros se acuerden aun de mi!!
Recuerdo ese ¿Y qué me pongo? en función de donde tuvieras que sacar la teta… Si de normal ya es difícil elegir, ahí ni te cuento..!!
Todavía me acuerdo cuando, recién parida, me ponía a dar de mamar a mi Lola en donde me pillara, sin importarme lo más mínimo lo que me rodeara… y mi madre se escandalizaba, tratando de taparme¡¡. Nunca me ha dado verguenza destaparme por algo como el hecho de ser madre, salvo que no estuviera bien depilada, ahí sí me corto.
saludos¡¡
Los comentarios estan geniales..
Gracias, Haiser! Todo un elenco de madres sinvergüenzas !
y como se nota que disfrutan siendo madres!
Jaaajajajaaja, tal cual!
…y lo que nos callamos…!!
Pues sí, así es… Tal cual lo describes.
Un beso, Bree.
Yo una vez llevaba un vestido largo muy mono hasta los pies y me tocó subírmelo para sacar el expendedor de la central lechera… desde aquel día cada vez que me ponía ese vestido me colocaba profilácticamente un pantalón debajo.
Fué un tiempo bonito, ese de ir a todas partes con la central a cuestas, pero me alegré mucho cuando recuperé mis tetas… que qué leches, eran mías!!!
Enhorabuena por el Blog!!!
Totalmente de acuerdo, recuperar tus propias tetas hace más ilusión que recuperar Gibraltar. Si cabe.
El problema no es sólo que exhibimos, en algunos casos es lo que exhibimos después del embarazo. No hay nada peor que levantar la remera y que salga esa panza!
Cierto! Que exhibir un vientre plano de turgente piel morena causa envidia! Nunca vergüenza!
Ay, madre…con lo que hemos sido…