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Te crecen los enanos

En esta gymkana maternal nuestra tendemos siempre a reducir la maternidad a la fase bebé, pensando quizá que ser madre consiste casi exclusivamente en alimentar, dormir, velar y amar a un ser humano de dimensiones variables que con frecuencia cabe en el hueco de tus brazos. Por la noche, ya exhausta, te compadeces cayendo en plancha en la cama al grito de, ¿pero qué es este torbellino que ha puesto patas arriba mi vidantera?

Pero los niños crecen, y tú como madre también. Los tranquilos paseos por el parque y el olor a bebé de los armarios dejan paso a fuertes disputas sin apenas motivo, pulsos, tensiones, frustraciones y a varios pares de zapatillas de suela ya descomunal tirados por cualquier parte.

¿Por qué nadie nos avisa del tremendo recorrido que tiene esta dura carrera de fondo que es la maternidad? Con dos hijas de 9 y 7 años siento ahora por primera vez que me enfrento a pruebas y exámenes diarios para los que dudo estar preparada. Antes suplía con instinto cada carencia, cada inseguridad ¿Cólico de gases o hambre? No sé, lo que me dicte el estómago. ¿Es sueño? ¿Son los dientes? Pues eso, preguntémosle al estómago.

En esta fase II de la maternidad que nos afecta a madres de vástagos ya pensantes, altamente móviles y con infinitas capacidades de decisión y tendencia al cabreo, el estómago no sirve para nada más que para darte ardores. Lo que antes se curaba con abrazos, ya no, el cura sana ha dejado de surtir efecto y hasta el amor incondicional, panacea para todos los males del bebé desdentado y gateante, es ahora fuente de mil conflictos.

Ya no vale con que quieras a tu hijo, ahora tendrás que quererle mejor. Deberás tener la frase correcta lista en el momento adecuado, no alzar la voz, valorar sus capacidades, ofrecerle retos y dejarle libertad absoluta para afrontarlos. No decaer, no decir nada que pueda humillarle, no gritarle, so pena de sentirte mal varios días. Hacerle reír y llenar sus días de diversión y compañerismo, dejando claro que a lo que os une, no se le puede llamar amistad. Deberás organizarle su agenda social y transportarle a los diferentes ágapes; en caso de tener dos o más hijos, deberás tratar siempre de no beneficiar a uno por encima del otro, no castigar a uno más que a otro, todo en un lenguaje pausado y equilibrado aunque en tu fuero interno mueras por estamparles una tarta en la cara. Deberás dar respuesta a todas sus preguntas, sin importar que sea la misma cien veces al día, y velar para que se convierta en una persona de bien y no cometa los mismos errores que tú, aunque, si te paras a pensar, tan imperfecta e incompleta como eres y tampoco te ha ido tan mal, ¿no?

Si en la fase I de la maternidad el reto consistía en asimilar tu yo animal y tu volumen corporal tras el parto, supongo que el reto de esta fase II consistirá en equilibrar el nivel de orgullo que te produce verles crecer, con el temor de ver las personas en las que se están convirtiendo, los adultos que algún día llegarán a ser… ¿Me caerán bien? ¿Nos llegaremos de verdad a gustar?

Créanme que ser madre resultaba infinitamente más fácil cuando suponía vigilar a un hijo sin descanso para que no se comiera con fruición y al menor descuido la asquerosa arena de un parque.

 

Escrito para Vitis 

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