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Peligro, foto

Por histórico ya sabrán ustedes de esta querencia mía a retratar cuanta cosa novedosa acontece por mi casa. Lo bueno o malo de vivir pegada al móvil es que siempre tiene una la cámara lista para inmortalizar esa monda de patata con la forma de Tom Jones, la pierna de muñeca despedazada o el dibujo aquel donde se te indica que esa señora con cara de flauta eres tú.

Hace unos días, en un intento por dar a este hobbie un tinte de creatividad maternal, se me ocurrió fotografiar a Lasniñas en una especie de diorama donde también aparecían un perro de peluche con sombrero de ortodoxo y una Barbie disfrazada de guardia civil. La escena no dejaba de tener gracia, no crean, pero al verla a través de la cámara tuve una especie de revelación ¿Qué opinarían ellas de la performance de su madre dentro de unos años?

Y es que en ocasiones no nos damos cuenta de que las fotos perduran en el tiempo. Pequeños y puñeteros documentos gráficos que dentro de unos años nos devolverán la juventud de entonces, pero también modelos de coche ya anticuados, cortes de pelo horrendos y esas prendas de ropa injustificables de todas, todas.

Con los niños pasa un poco lo mismo, crecerán, se harán adultos y tendrán que verse a sí mismos en las poses más absurdas que la mente creativa de sus padres haya sido capaz de imaginar. Por ello, para preservar la salud mental de nuestros adultos del mañana, ruego tengan ustedes en cuenta, o no, estos breves y flojos consejos…

1. Pase lo que pase no les disfracen ustedes nunca de hortaliza. Ni de flor. Ni aunque sea primavera. En este punto la discriminación por sexos es aceptable. Si su vástago se llama Maribel quizá sí le quede ideal una corona de flores y los labios color grosella, pero si se llama Juan Luis yo me atrevería a decir que no.

2. Nada de espachurrar al bebé hasta alcanzar la postura del pollo asado, colgando de su cuello una cinta con un lazo rojo desproporcionado con respecto a su cabeza tamaño neonatal. Eso no es elegante, ni constitucional, ni legal, ni nada.

3. No aprovechen que duermen para ponerles en las manos la espada de Star Wars, un micrófono, una regadera o cualquier otra tontuna afín. Si no están conscientes ni pueden mirar con esa cara de “¿pero qué hace usted, madre?” tan típica del que aún no sabe hablar, el delito es mucho más mayor.

De todo ello tendría mucho que decir un señor que vive muy lejos y se llama Tom Arma, “el Armani de los disfraces infantiles”, según el Wall Street Journal, gustoso siempre de plantarle un disfraz de armadillo a cualquier niño con el que se cruza. También saben mucho de ello la conocida Anne Geddes y sus niños coliflor, a los que francamente aún no he encontrado una sola razón de existencia más allá de provocar la hilaridad en el personal y/o hacer que se partan la caja de risa.

niñoscolifflor

Ojo, guarden el arco y las flechas, no es que una servidora esté en contra del disfraz infantil, que cientos de imágenes tengo en mi haber que corroboran lo guapas que están mis hijas disfrazadas de cualquier heroína Disney, de cíngaras, de puerta y hasta de regaliz. Lo único que digo es que hay que tener cuidado con cómo se adereza una foto en la que sale un bebé que jamás pidió ser retratado.

En definitiva, que si usted se avergüenza ahora de aquella foto en rockis, con la camiseta de Naranjito y el pelo cortado a tazón….¿puede imaginarse lo que será de su hijo en el recreo cuando sepan que le retrató desnudo, rodeado de almohadones y sujetando un girasol?

 

 

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