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Guionistas para padres

De igual modo que cada persona tiene un angelote de la guarda velando por su seguridad física, sus llaves de casa y demás órganos vitales y vicisitudes de esta vida, también disfrutamos cada uno, y por el mismo precio, de un guionista que dirige nuestros pasos y decide qué nos sucederá, cuándo y dónde, desde la lejana y confortable silla de su terraza con vistas al mar.

Y va a resultar que en esto, como en muchísimas otras cosas,  los padres nos llevamos la palma (y el oso, la concha, el goya, el oscar, el bafta…) Desconozco la razón pero a nosotros jamás nos adjudican guionistas centrados, serios o cabales, que no, que no; de alguna forma siempre terminan trabajando para nosotros aquellos guionistas de cordura disipada, defenestrados de cualquier otra serie, como aquel que decidió que el padre de Chandler en Friends se hiciese travesti en Las Vegas o el adicto a estupefacientes que ideó el final de Lost.

Por esta sencilla teoría de la guionización no equitativa, a un ser humano con hijos siempre le tocará olvidarse de la botellita de agua cuando va a la montaña, arriesgándose por ello a una deshidratación mortal;  o el chupete de repuesto cuando el niño se halle cuajando con sigilo el quinto diente; o el apiretal en tardes febriles aunque nada lo indicara al salir de casa. El guionista de un padre jamás consentirá que éste llegue a tiempo a la caja del supermercado antes de que rebose por los bordes porque antes le habrá hecho socorrer tres rabietas y un desnucamiento contra el lineal de las chuches. Tampoco le permitirá encontrar el mando de la tele antes de un derby porque en un ataque de chispa interna y malignidad postalcohólica, habrá decidido camuflarlo en ese extraño montón de la entrada compuesto básicamente por clics de famobil, tierra, caramelos chupados y piedras de jardín.

Todo esto, si bien en su justa medida es algo asumible que da vidilla a nuestro quehacer diario y nos permite luego socializar en la charcutería narrando peripecias a los que nos escuchan y a los que no también, termina siendo un tanto molesto para algunas familias cuyos guionistas les toman como grupos piloto y prueban en sus carnes prietas todo tipo de gags destinados a subir audiencia. Claro ejemplo de ello es La Minifamilia, núcleo familiar recientemente ampliado en +1 miembro, a la sazón amigos de la que suscribe, y cuyo último y rocambolesco episodio paso presta a relatar. 

Viernes tarde. Exterior casa. Sol. Sensación térmica +/- 20º 

Elpadre, Lamadre y Lamayor, a excepción de Labebé que queda a salvo en casa de Losabuelos, se disponen a meterse en el coche para salir zumbando a casa de una amiga suya, muy guapisísima, inteligente y culta, culta, que les ha invitado a merendar. Sentada ya Lamayor y atada a la silla cual versión automovilística de Hannibal Lecter, va Lamadre y nota, oh cielos, que su niña lleva un gran moco colgando. (Voz en off: Risas enlatadas)

Elpadre, diestro y gimnástico, contorsiona lumbares en dirección a la cavidad nasal de su hija, sita en el asiento de atrás, para eliminar todo rastro de mucosidad con una toallita, al tiempo que las llaves del coche se le suicidan sigilosas desde el bolsillo, yendo a caer desvaídas al asiento sin que el interfecto se aperciba (Voz en off: Minigrititos de susto entre el público, como de temerse uno lo peor)

Elpadre sale, cierra la puerta del coche y espera paciente a que Lamadre salga de la casa tras pescar cualquier cosaurgente en el último momento. Segundos después ambos dos entran en pánico simultáneo al darse cuenta de que el coche se ha cerrado de forma automática, con Laniña y Lasllaves dentro en feliz comunión, y todas las ventanillas cerradas. (En off: Gritos de terror, susurros, bomberos que piden calma…)

Tras unos minutos de susto gordo, Lamadre decide despegar la cara de la ventanilla desde la que grita a su hija que no se ponga nerviosa y corre despavorida, gritando y moviendo los brazos al viento, perseguida por Lacuñada que la imita por pura solidaridad, en dirección a la casa familiar lejos, lejos, para rescatar el segundo juego de llaves. Mientras, Elabuelo, sereno él, no de profesión sino de carácter, convence a Lamayor para que estire la manita y apriete el mando que abrirá su jaula. (Voz en off: Aplausos)

Una vez el coche abierto, Elpadre llama a Lamadre para confirmarle emocionado la liberación de su hija y decirle que deje de correr como Forrest, pero desiste al oír un politono saliendo del bolso rojo acharolado que su mujer ha olvidado en su huída, como no, dentro del coche. (Voz en off: Mitad de cuarto de risas, mitad de cuarto sorpresa, como de no ponerse de acuerdo)

Debido a esta incomunicación manifiesta, Elpadre y Elabuelo se sientan sobre el asfalto mientras tratan de convencer a Lamayor para que salga del coche, ante su negativa decidida y sistemática porque es la única del reparto que se lo está pasando teta.

Primer plano del sol que comienza a ocultarse, lo que nos indica que ha transcurrido ya hora y media desde que Lamadre iniciase su carrera, momento en que aparece ella triunfante y sudorosa, blandiendo en alto el llavero, al tiempo que observa pasmada la escena y oye los gritos de los vecinos, que asomados a sus ventanas, aplauden y vitorean poniendo fin al entremés.

Lamerienda tocaba a su fin cuando LaMinifamilia apareció en el jardín de casa con esta bonita historia a modo de excusa. Porque les queremos de un modo ciego e incomprensible, que si no pensaríamos que en realidad ya habían merendado o que les mola en exceso su aparición reiterada en blogdemadre… Si fuera o fuese esto último, que así sea. Ea.

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