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Qué lista mamá oficinista

– Contrata a la que no tiene hijos – diría un empresario errado a otro empresario a punto de errar, ante la tesitura de tener que elegir nueva empleada.

– No se precipiten ustedes – apunta servidora desde aquí –. Escondida tras una madre hay mil y una virtudes, capacidades y nuevas aptitudes que esa misma mujer antes no poseía, o poseía quizá en menor grado, o poseía y no lo sabía. Que todo puede ser.

Seguro que les suena a ustedes alguna de ellas…

  1. Una madre cede como nadie para llegar a acuerdos. La mujer que por la tarde pasea con un gran elefante de peluche en brazos, probablemente pasó media mañana diciéndole a su hijo “No te vas a llevar ni un solo muñeco a la calle”. Díganme ustedes si esa mujer no será capaz de llegar a un acuerdo, conceder prebendas y luego cargar ella con el peso de toda la responsabilidad que genere su decisión.
  2. Se mueve que da gloria en momentos de tensión y caos. Una mujer que es capaz de hacer galletas con sus dos hijos en una cocina de diez metros cuadrados podría probablemente escribir un bestseller sobre meditación y mindfullness. Y hasta dominar el mundo.
  3. Una madre tiene más paciencia que los árboles. Esto es así. Si no, ¿cómo iba a aguantar ella una media de doscientos setenta y cinco días portando en sus entrañas un ser humano de pelo largo y peso variable que le impide hacer la digestión? Después de ese ejercicio de espera abnegada, que le cambien la hora y el día de una reunión tres veces consecutivas en la misma tarde es una fruslería sin importancia.
  4. La pacificadora, así la llaman, sobre todo si tiene más de un hijo y muchas ganas de educar. Las peleas encarnizadas entre Marketing y los de Tecnología son para ella simples intercambios de opinión. Los insultos velados en plena reunión (los explícitos también), las puñaladas traperas, las extorsiones, los chantajes, nada, minucias. Quien ha separado la carne del brazo de un hermano de las fauces de otro hermano sabe que las aguas siempre, siempre, vuelven a su cauce.
  5. Nadie como una madre para soportar la frustración. Puede repetir la misma frase quinientas veces sin perder los nervios o ver cómo sus enseñanzas caen en saco roto sin regodearse en continuos “ya te lo advertí”. Quizá alguna vez se le escape la zapatilla, pero en más de una reunión eso sería justo y hasta necesario, no me digan ustedes que no…
  6. Las madres poseen una inusitada capacidad de adaptación. Los nuevos entornos, y contornos, no tienen misterios para ella. Teniendo en cuenta que ha utilizado cinco tallas diferentes en los últimos seis años y que cada vez que se mira la pechera descubre una mancha nueva, adaptarse a lo que venga es su pan de cada día.
  7. El trabajo en equipo es su fuerte. No hay otra forma de sobrevivir a la locura del hogar familiar. “Tú pones la mesa” “Tú la recoges” “Tú, convocas la reunión” “Tú redactas el informe”… Delegar, organizar, monitorizar resultados, ¡nadie lo hace mejor que ella!

Nos dejamos aptitudes en el tintero, seguro, su empatía, su autocontrol, otro día las repasamos, que tendrán ustedes que trabajar. Ojo, que no se ha tratado aquí de hacer apología de la contratación de madres por encima de las mujeres que no lo son, sólo faltaría, sino de enumerar virtudes demostrables que no aparecen en ningún currículum y, de paso, regocijarnos y enorgullecernos mucho por ello.

 

Escrito para Vitis

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