Lamadre y Lamultiaventura

Supongo que el hecho de que una echara los dientes entre las mesas de los bares de la Cava Alta hace más complicado que pueda disfrutar de forma espontánea de los deportes de riesgo y la multiaventura en general.

Volvimos ayer a casa después de una semana de despliegue acrobático en Asturias y aún no siento varios de los músculos considerados importantes para la vida diaria. Las agujetas me llegan al iris, señores. Llevo días sorbiendo todo tipo de alimentos líquidos en pajita porque me siento incapaz de levantar el brazo que sustenta la cuchara que debe alimentarme. Y no es que el deporte en sí mismo sea malo, ojo, simplemente creo que mi cuerpo no lo tolera del todo bien.

Llegamos a casa de Loscuñados a las cinco de la tarde y sin apenas descargar las maletas ya nos esperaba una sesión de motociclismo extremo que nos auguraba una más que probable lesión de rabadilla y varios cientos de miles de arañazos. Lasniñas miraban atónitas cómo nos disfrazabamos de geyperman guerrero y ni rechistaron cuando les explicamos pesarosos que no podríamos llevarlas con nosotros. Se quedaron con Laprima tan ricamente, mientras nosotros desempolvábamos el rosario y nos adentrábamos en la más espesa vegetación.

La mañana siguiente nos esperaba con una refrescante jornada de pesca en apnea, incluido neopreno de cuello vuelto, porque el agua estaba gélida de mortalidad. Bueno para las agujetas, me decía yo para animarme. Cuanto mas congelados tengas los músculos, menos te dolerá el cuerpontero, tonta.

Siguiente día: Jornada Mundial de la Cueva, o cómo seis cheposos en fila recorren interminables y húmedos pasadizos mientras Lamayor, erguida toda ella y linterna en mano, nos alumbra y da órdenes, orgullosa de encabezar la expedición.

Para el día siguiente me reservé un plan normal de playa tratando de que las Lasniñas no pensaran que habíamos ingresado en la Secta de la Vigorexia y la Oxigenación Muscular. Aún así, la zodiac de Elcuñado apareció por sorpresa de entre las rocas para darnos una vuelta por cada grieta y entrante de mar que salía a nuestro encuentro. Lamayor se lo pasó pipa. Lapequeña lloró y rió a partes iguales, descubriendo así los sinsabores de la bipolaridad, agarrada a mi cuello como un monkiki.

Y por fin el último día, como colofón a unos tranquilos días de vacaciones, nos entregamos a la sobredosis de adrenalina que da descender un cañón sobre el río Deva. Toboganes y divertidas pozas escondían tras sus faldas cuatro rápeles de veinticinco metros que despertaron en mí todo tipo de ansiedades y castañeteos interdentales. Disfrazada de geyperman acuático, esta vez con casco de bici porque no teníamos otro disponible, y con el pantone de temporada escondido tras los escarpines- glamour ante todo-, bajé, subí, trepé, mescurrí, me levanté, juré no volver por allí, volví a bajar, y a subir, un tobogán por dios que no haya ninguna piedra esperándome en el fondo, una poza, dos pozas, tres pozas e intenta tú nadar con botas, ooootro tobogán, quiero irme a mi casa con mi madre, ooootro tobogán . Primer rápel, qué divertido. Segundo rápel, no está mal si no fuera por la molesta cascada que ha estado dándome con fuerza en la nariz durante todo el descenso. Tercer rápel. Veinticinco metros ¿Pero esto qué es?. Cuarto rápel ¿Mayor que el otro? ¿Nos hemos vuelto todos locos? Un saltito de diez metros cerraba el circuito de aguas bravas ¿Me tiro? ¿No me tiro? ¿Me tiro? ¿No me tiro? Me tiro. Aaaaaah… Toda mi vida en imágenes. Enrique y Ana. Las bolsas de Doritos. El instituto. Las bambas sin cordones. Las noches de verano. Las fiestas de Bustar. Don Joaquín. El mus de la Facultad. Marido. Lasniñas. Misniñas. Los cuentos. Las nanas….pero quieeen me mandaraaaaa a miiiii metermeeeeee en est bbbbbbrrrrrr… Un glorioso latigazo de agua helada me devuelve a la realidad y me descubre que sigo viva. ¡Bien por mí!

Una vez completado el descenso llega lo más divertido. Desandar todo el camino, esta vez pendiente arriba, con un neopreno empapado que hace que tu cuerpo pese siete veces más. Llegamos al coche ¡por fin! yo exhausta, contenta pero medio muerta, preguntándome la razón de tanta prueba personal hasta llevar tu mente al límite. Supongo que para aprender – me contesté a mí misma en un alarde de lucidez – y poder contarle a Lasniñas dentro de unos años qué piedra escurre más y por qué lado duele menos caer.

 

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