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El enemigo bajo los rulos

Aquella mañana salí de una reunión antes de lo previsto y en lugar de volver a la planicie emocional de la pedanía en la que vivo, me resguardé en el primer café que vi, cerca del número dos de alguna calle entre Alfonso XII y Los Jerónimos. No llovía ni hacía excesivo frío, pero algo de ventisca interna me empujaba a sentarme a cubierto.

Mientras me sentaba en una de las mesas cercanas al ventanal me planteé qué diferente sería mi vida si me gustara el café, con leche o solo, en taza pequeña, en taza grande, manchado, descafeinado, así podría sentirme a gusto y entre iguales en locales como aquel, repletos de espejos y artesonados de madera donde una espera encontrar a su lado a Cela escribiendo sobre el mármol de una lápida mientras convida a tabaco a algún poeta muerto de hambre.

En la mesa de enfrente hablaban tres mujeres a la vez. Sólo alcanzaba a ver la cara de una de ellas, de otra el cuello y el contorno de un hombro desnudo y de la tercera apenas una manga del abrigo. Veía cómo discutían, gesticulaban, se acaloraban. Por lo poco que pude oír desde mi mesa no parecían muy conformes con lo que había hecho Clara y, a juzgar por el poco apoyo que Clara tenía, dudo que estuviera sentada a la mesa con ellas. Concluí entonces que estaban juzgando a la amiga ausente, la cuarta en discordia.

Mientras pedía una cocacola al camarero dudé por unos instantes si en realidad no debía pedir un café, aunque sólo imaginar su olor me produjo algo similar a una nausea. Me imaginé abriendo el sobrecito de azúcar y moviendo acompasadamente la cucharilla, los círculos de humo, el calor de la taza en la manos. En invierno y en este tipo de sitios hay que pedir cafés – me reprendí – las burbujas están totalmente fuera de lugar. No son nada literarias.

Cuando consideré que ya me había castigado bastante, me perdoné y volví a curiosear en la mesa de al lado. Siento verdadera pasión por inventarme las vidas ajenas y por eso tuve que dejar de viajar en Metro. Cada día volvía a casa con decenas de amigos nuevos, cargando con sus días de mierda, sus vidas dificultosas y sus nombres inventados. El día que me desvelé pensando si a aquella mujer le renovarían finalmente la licencia de un quiosco que nunca regentó, sentí que debía volver a coger el coche para ir a trabajar. El transporte público me asfixiaba.

- Yo no es por criticarla – seguía diciendo a mi lado la de la manga del abrigo – pero tenía más opciones.

- Claro que las tenía – le cortó la dueña del hombro al aire – una guardería pública, por ejemplo, o una chica por horas, una reducción de jornada, teletrabajo, como si no hubiera ahora mismo opciones para elegir, levantas una piedra y te salen cien, pero es tonta y no ha querido buscar.

- Es que ir a lo fácil es muy fácil – terminó la primera en limpia estocada.

Me imaginé entonces a la pobre Clara noches atrás, ojerosa, despeinada, con cientos de dudas mordiéndole los dedos de los pies y dos ojos grandes y desvelados agarrados al techo.  A la mañana siguiente se levantaría seguro dolorida y magullada, convencida de su decisión, o quizá no.

Entonces la traje conmigo y la senté a mi mesa. Le atusé el flequillo, le quité la arena de las manos y de las rodillas y comencé con mi terapia no solicitada. El problema no es tu decisión, amiga – le dije –  elijas la opción que elijas siempre habrá una mujer dispuesta a criticarla. Somos tan incapaces de dejar de juzgarnos a nosotras mismas que hemos tomado por costumbre criticar sin descanso a las demás. Nos hemos convertido en policías de la virtud, sabuesos detectores del fallo ajeno, criticonas despiadadas, todas en el lado opuesto al “vive y deja vivir”. Quizá si viviéramos más conformes con lo que somos, con dónde estamos y con adónde nos lleva el camino, dejaríamos de intentar cambiar a las demás, de vivir sus vidas y de señalar con burla sus fallos.

Terminé la perorata casi al mismo tiempo que la cocacola, pagué y me fui. Mientras me ponía el abrigo ya en la calle me sentí muy triste por no haberme despedido de las amigas de Clara, íntimas ya como éramos. Prometí volver otro día a charlar y entonces sí, pediría café.

 529756Medusa de Caravaggio

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29 Comments

Filed under Mujer, Neurosis

29 Responses to El enemigo bajo los rulos

  1. Mo

    Cuanta razón. Espero que Clara se pase por el forro la opinión de sus “amigas”.
    Yo tampoco soporto el café… ¿y una infusioncita?
    Besotes!

  2. Almudena

    Ay chica, ¡qué bien escribes!

    Personalmente soy muy practicante del “vive y deja vivir”, te comento por si te sirve de desahogo ;-)

  3. Siempre le he dicho a usted que es la madre de todas las madres. Entradas como la de hoy me recuerdan por qué hace casi tres años hice cola ilusionada para conseguir un garabato en mi libro fucsia. Como dice la Tigre (y los Fresones Rebeldes) “no nos faltes nunca”.

    • Blogdemadre

      Y yo allí, en la rendija del quiosco por donde asomaba la cabeza, me alegré enormemente de achucharla. A usted, al gremlin y a sus envíos postales que tanto bien hicieron a la humanidad :)

  4. Qué bien escrito, cuánta razón en tan triste mensaje contado con tanta gracia.
    Un beso

    • Blogdemadre

      Mensaje triste, sí, por eso lo mejor es entonar el mea culpa y aceptar de una vez por todas ¡¡que aborreces el café!! :)

  5. La peor enemiga de una mujer siempre es otra mujer. Como bien dices, hagas lo que hagas te van a criticar igual. Un beso.

  6. Peineta-pintxos

    Tampoco tomo café ni cerveza y es una mierda a la hora de ir a bares, sin más la cocacola no tiene el mismo tirón de conversación….
    No estoy en una fase para ayudar a Clara, pero no se si no me jode más las amigas de Clara que también te ven por la calle con ese cuerpo de zombie y te dejan caer sus “ánimos” o flipan con tu estado….o simplemente te quieren poner las pilas.
    Las mujeres entre nosotras somos nuestras propias enemigas

    • Blogdemadre

      Nunca es tarde para cambiar el cuento. Yo, sin ir mas lejos, hoy no he criticado a nadie, ni siquiera a mí misma ¡Y ya son las 10 de la mañana! :)

  7. Bueeenooo…
    Pues yo es que pasaba por aquí y leí a LaTigre prohibirte que dejaras de escribir y dije, vamos a ver si tiene razón. Y la tiene. Hermosa, no puede usted dejar de juntar palabras que lo hace muy bonito, hiriente y bonito a la vez.
    Pobre Clara.
    Y pobres todas.. no sé, quizás sea yo pero.. ¿de verdad somos tan malas con nosotras?¿sólo con nosotras?
    Yo creo que nos desahogamos así, en general, que sí que es más fácil lo de la paja en el ojo ajeno y tal.. pero no creo que nos cebemos más con las demás mujeres.. ¿de verdad lo crees?
    Ojo.. que lo mismo tienes razón y yo es que no me entero.. ¡qué no lo descarto!
    Bsss

    • Blogdemadre

      No creo que nos cebemos sólo con las mujeres, también nos cebamos con los hombres. Si la crítica implica ánimo de mejora, guay, pero cuando el despelleje es gratuito y llega al hueso creo que es mejor parar.
      Prometo no dejar de juntar letras :) O al menos, intentarlo.

  8. Anna

    Yo sí tomo café. Uno detrás de otro… Y para que veas, me parece mucho más literario el mundo alrededor de una copa de vino. Seguro que es porque soy abstemia… Desde la experiencia de los años, me siento autorizada para declarar que es genial ser buena amiga de una misma y quererse bien. Es un primer paso imprescindible para no encontrarle gustito al despelleje ajeno y sí a la empatía y a la solidaridad.
    Beso grande.

  9. Hola: me encantó tu relato sobre tu estancia en la cafetería y cómo te imaginas las vida de la personas anónimas… Tienes toda la razón que el principal enemigo de una mujer es siempre otra y hagamos lo que hagamos siempre nos critican… Acabo de descubrir tu blog y me gusta mucho la variedad de temas que tratas vinculados con los hijos y la educación. En este momento me interesan mucho este tipo de reflexiones por lo que he creado un blog dedicado a los jóvenes y al uso que hacen de las nuevas tecnologías. Te invito a visitarlo: http://cativodixital.blogspot.com.es/ Si quieres seguimos en contacto. Yo ya me hice seguidora de tu blog.

  10. Definitivamente es mi momento para reivindicar… ¡la horchata! jjjjjj La burbuja está sobrevalorada

    (Y a la vez de sumarme a las hordas que suplican, imploran y hasta graban en piedra si hace falta que siga usté publicando, cómo no)

    Besazos

    • Blogdemadre

      Hasta las 12 té de cereza y a la 1, cerveza :)
      A las hordas hay que escucharlas y hacerlas caso, sobre todo si dicen cosas bonitas. Lo intentaré. Prometido.

  11. Tal cual, amiga, tal cual…. ¿Cuándo nos tomamos el café (o la caña) juntas para echarnos flores? :)

    • Blogdemadre

      Yo le echo flores a usted a diario porque no se puede ser más rubia, más bonita y más mejor. Y esas cañas, cuando sea, pero ya. Aún a riesgo de que en un descuido se beba usted la mía y la suya :) :)

  12. Ardilla dramática

    Si todos tuviéramos el mismo nivel de tolerancia y empatía que demuestras en tu blog, muchas cosas cambiarían a mejor!!! Te adjunto un link de un anuncio que resume las distintas formas de entender la maternidad, en clave de humor… A mí me ha encantado!! Gracias por tu blog!

  13. Me parto. Tampoco puedo con el café y muero por el concepto. Yo lo he solucionado con el Mocca Blanco de Starbucks. En el resto de cafeterías me pierdo…

    • Blogdemadre

      Por no saber qué pedir, en la última cafetería donde dije “ponme algo caliente” me sacaron una taza de sopa de cocido. Un ideón, oye. Habrá que insinuárselo a Starbucks…

  14. Escribes de forma que se puede saborear el momento en tus letras. Gracias por contarnos la historia de las amigas de Clara, hoy no me podría venir mejor haberme topado con ella. Un saludo.

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