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Derechos de una madre

Escrito para Vitis

Desde que fui madre por primera vez son muchos los artículos especializados en crianza y educación que me he echado al coleto. Con algunos estoy de acuerdo y otros me parecen un montón de despropósitos unidos por puntos y comas. Y no siempre.

Casi todos tienen algo en común, el niño como centro indiscutible de todo, como principio y fin de la historia, motivo de desvelo, orgullo y existencia. “No debes”, “Nunca hagas”, “El niño necesita”, “El niño espera de ti”, un sinfín de imposiciones, juicios y órdenes que asfixian a la madre reciente, y a la experimentada también, y las dejan solas a merced de la estrechura cada vez más grande entre dos losas: sus deberes como las hijas que siempre han sido y sus obligaciones como las madres que ahora son.

mujer despachurrada

Ahí, despachurradas y algo lipotímicas por la falta de oxígeno, nos preguntamos ¿a qué viene tanta presión?, ¿no basta con educar a base de amor y errores como se ha hecho siempre?, ¿qué medalla me van a dar?… ¿podré empeñarla?…

Como intuyo que ya hay pensadores que velan por los derechos de los más pequeños para evitarles el desamparo producido por una madre que no piensa en ellos las 24 horas del día sin interrupción, yo hoy defiendo los derechos de la madre, esa señora joven aunque no lo parezca y traslúcida porque nadie la ve, que acompaña al menor a cada sitio adonde va.

Una madre debería poder acostarse la primera y levantarse la última. Y luego llamar a su madre para contárselo sin temor a las críticas. Ahí, con orgullo, sin temor al qué dirán ni pánico por no llegar a la nota de corte.

Debería poder decir NO, no te lo doy, ahora no, porque es mi comida, mi tiempo, mi paraguas, mi chuleta, mi ahora, mi vida. Te quiero, pero no te lo doy. Te quiero pero no quiero que me utilices de perchero, ni de hamaca, ni de papelera. Ni siquiera de escudo. Hoy no.

Una madre debería poder coger la puerta e irse, siempre que quiera y necesite respirar. Y al hacerlo tener la seguridad de que deja a sus hijos bien cuidados, con algún miembro de la unidad familiar que decida ejercer por unas horas y por iniciativa propia, sin sables de por medio. La paternidad no es una condena, es un auténtico privilegio.

Una madre debería poder irse a la cama sin lavarse los dientes, comer porquerías y extasiarse de carbohidratos, cenar viendo la tele con los pies sobre la mesa y sentir por unas horas la placidez que da no ser un ejemplo para nadie.

Debería poder salir corriendo a urgencias y preocuparse por el cráneo abollado de su vástago, sin cargar sobre sus hombros al señor de recursos humanos con su dedo acusador y su inminente amenaza de despido.

Debería poder mirar su cuerpo desnudo en el espejo y quejarse del tractor que le ha pasado por encima, orgullosa de cada marca si quiere, pero ligeramente molesta por el cambio también.

Una madre debería olvidarse de la perfección, de la aprobación, de llegar a ser, debería olvidarse de los consejos pero sobre todo, debería olvidarse de los “debería”.

 

 

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8 Comments

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8 Responses to Derechos de una madre

  1. Ni tanto ni tan calvo. Una cosa es ser esclava de los hijos y otra pasar de ellos.

    • Blogdemadre

      Esclava nunca. Y pasar, sí, un poco, a veces, ¿por qué no? Para ellos, hacer que no se sientan el centro cósmico es más sano que darles fibra…

  2. Irene

    Susana, en qué momento ha dicho pasar de los niños…

    Estoy de acuerdo completamente. Crio a mis hijos con amor, respeto y comprensión, y les dedico la mayor parte de mi tiempo. Pero no estoy de acuerdo con la tendencia actual a que los niños sean el centro de todo, en todos los momentos. Deben entender que son parte de una familia, de un grupo, y opino que lo mejor para ellos no es siempre hacerles ver que son el centro de todo. Les enseño que tienen que ser pacientes, que no siempre pueden tener lo que quieren, incluso cuando eso es estar encima de mama, que parece que hoy en día, negarle en un momento dado a un niño los brazos es traumatizarle.
    Tienen que ver que su madre se respeta a sí misma, y que los demás se respetan a sí mismos, para respetar ellos y respetarse ellos mismos.
    En ocasiones pienso que estamos criando pequeños tiranos, que no saben lo que es la frustración, por pequeña que sea.

    ¡Muy buen post!

  3. Ana G.

    Plas, plas, plas.

    A veces, se nos olvida que somos personas.

  4. Chapó!
    Porque yo paso de todo y de todos, y me gusta la madre/profesional/esposa/mujer y muchas otras cosas más que soy. Pero siempre que leo uno de esos post diciendo lo que deberíamos o no deberíamos hacer, pienso en el montón de mujeres que hay con la autoestima baja, y lo mal que deben sentirse siempre al leer esas cosas. Con lo fácil que era antes ser madre, que sólo había que alimentar, vestir y mantener calientes a los niños. Y ya si los educabas para que no molestaran mucho era un plus. Creo que sigo leyendo toda esa basura para poder luego hacer lo que me de la realísima gana, pero con conocimiento de causa.

  5. Sara

    ¡¡¡Me ha encantado!!!
    Qué difícil es encontrar el equilibrio. Hay días que exijo ser yo, o lo que era antes, salir de casa sin organización, sin planes, sin potitos, cremas ni pañales, no tener hora de vuelta. Ser amiga, pareja, profesional.
    Pero hay otros días que grito que me dejen ser sólo madre, sin tacones ni vaqueros apretados, sin gimnasio, sin cañitas en el bar, que me dejen ir en un chándal manchado al parque, preocuparme por un pequeño rasguño, que me dejen hablar de los mocos de mis niñas y del color de sus cacas, de la fiebre. Que me dejen decir que soy madre, que la maternidad puso patas arriba mi mundo y que sin dudarlo, jamás he hecho nada mejor en la vida.

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