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Cuando Paco me abandonó

Hace la friolera de 15 años, cuando cualquier parte de nuestra anatomía era capaz de partir piñones, pasé unas estupendas vacaciones en Ibiza con unas amigas rodeadas de la más absoluta despreocupación. Allí, entre atardeceres, bongos y trenzas mal peinadas, conocimos a unos muchachos muy agradables y de amena conversación, que para nuestro solaz, además, debían practicar la horticultura a juzgar por lo mucho que hablaban de las plantas que tenían en posesión.

Quiso el destino que además de mojitos y atardeceres compartiéramos el ala oeste del mismo hotel, algo que estaba destinado a ser mi perdición. Una madrugada, ahítos todos de rialcao y altramuces, con la desinhibición que ese tipo de empachos siempre da, comenzamos una conversación boscosa sobre la vida, los sentimientos, el enfrentamiento transgeneracional y la importancia siempre de un buen protector de estómago antes de salir a cenar. Uno de ellos, de nombre Paco, me eligió como blanco de su conversación y, con el paso de las horas, también de su lloro torrencial. A Paco le había dejado su novia y el muchacho no pudo evitar hacerme partícipe de toda la desazón que el abandono le producía: tristeza, abatimiento, sudores fríos y una verborrea a todas luces descomunal. Yo le escuchaba amorosa, empática y ojiplática, intentando colar algún consejo cuando él paraba a respirar, pero todo esfuerzo fue en vano, él no tenía ninguna intención de escucharme, ni siquiera puedo afirmar que supiera que estaba allí. Cuando acepté ese hecho cruel, que me dejaba en mísero lugar al convertirme en un mero puching ball emocional, poco más de provecho pude hacer que entregarme con fervor a la coctelera, poniendo mi empatía y consideración en piloto automático y dejando a Paco solo y en constante batalla contra su propia felicidad.

Los demás comensales, muy cucos, sigilosos y yo juraría que en extremo mareados, fueron abandonando la reunión a hurtadillas y en zigzag. Tres veces tres intenté levantarme de aquel sofá para irme a dormir y tres veces tres fui cazada de nuevo por Paco y una nueva recaída espiritual. ¿Cómo iba a abandonar a ese hombre abatido, ojeroso y colorao, al que si acercabas un mechero probablemente habría hecho arder la isla entera? Nada importaba que fuera el hombre más feo de la historia, yo lo hacía por simple amor a la comunidad.

Los minutos caían como cagarros de paloma y ahí estaba yo, bajo la lluvia, sin paraguas ni visera cobertora. De repente, oh cielos, algo sucedió. Súbitamente Paco se levantó del sillón, apagó su cigarrillo contra la moqueta y comenzó a andar en sospechosa dirección a la puerta. Sin volver la vista atrás levantó una manita en modo infanta y dijo con una claridad meridiana y desconocida hasta ese momento “Me voy a dormir”. Su marcha me dejó sola en el bar del hotel con una increíble cara de pollo y un camarero barriéndome los pies.

Hay alguien ahíHoy, echando la vista atrás, veo el abandono de Paco como una fantástica lección vital. Sin saberlo, el fugado me preparó para la cantidad de veces que me iba a tener que enfrentar a la soledad por sorpresa en mi vida post maternidad. Hoy cuando descubro que llevo media hora pegada a la tele viendo a una familia de cerdos cantar, sin nadie a mi alrededor, no me siento en absoluto menospreciada. Ni cuando me dejan sola con la merienda en la mano en mitad de un centro comercial, ni cuando miro atrás y veo que llevo trescientos metros hablando sola porque una flor les interesa más que yo; tampoco cuando me quedo empujando un columpio vacío con la mirada perdida, o sola en un banco relamiéndome por la ingesta de los siempre sobrantes bordes del pan…

Ahora eres útil. Ahora ya no. Ahora lo eres. Ahora no. Con precisión de interruptor tus hijos te harán saber cuándo necesitan tu presencia o cuándo prefieren prescindir de ti. Con esa sinceridad desgarradora que sólo los niños, y Paco, se pueden permitir.

 

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32 Comments

Filed under Humor, Mujer

32 Responses to Cuando Paco me abandonó

  1. Ay, amiga, te espero yo en eso del síndrome del nido vacío.
    Que empiezan a decirte, mamá, que me voy a comer-pasarlatarde-debotellón con l@s amig@s y te entra una risa….

  2. Un día lo eres todo para ellos y al siguiente estás de más. Así es la vida. Un beso.

  3. Ah! Creo que he sufrido el efecto Paco este fin de semana, cuando después de la insistencia de mis hijos por sacar todos los adornos navideños y justo en el momento en que todo estuvo perfectamente esparcido por salón y comedor, un amiguito llamó a la puerta y desaparecieron todos. LOS NIÑOS. Las bolas, banderines, pastorcillos y demás siguieron ocupando cada centímetro de mi salón,…

    • Blogdemadre

      Sepa usted, amiga, que la ley le ampara para cazar al amiguito del cuello y ponerle también a colocar espumillón. Que la fuga inducida es delito…!

  4. Deseando estoy de escuchar las historias de pubertad ¡ay amiga! ¡prepárese! que entonces no sólo será la soledad si no que el amor se convertirá en otro sentimiento hasta ahora desconocido para nosotras :P un besote desmadroso ¡y NO MIENTA que de Paco ni quién se acuerde!

    • Blogdemadre

      Temo más su pubertad que mi senectud, amiga…supongo que los cambios serán poco a poco pero dolerán, seguro que dolerán…
      ¿Paco, qué Paco? :)

  5. Mi hija mayor, de doce años, se va este fin de semana de viaje de agresados, y no hay nada que me lleve a pensar que pueda llegar a extrañarnos. Nadie te avisa que un buen día ya no te necesitan tanto como antes… ¿Por qué nadie avisa?

  6. Jajjajaja, entre la amiga accidental y tú me estáis alegrando las horas mañaneras ;)
    A veces se sacan cosas buenas de estos abandonos: ahora el guaje cuando va a hacer cosas mayores al baño te pide que te salgas. Que por un lado piensas: bien! Quédate ahí tú solito regocijándote en tu propio aroma. Pero por otro lado, te da una pena tan tremenda que crezcan tan rápido y te echen a patadas por menos de ná… Así somos las madres: pura contradicción.

    • Blogdemadre

      Piensa que peor sería seguir acompañándole cumplida ya su mayoría de edad. Pero sí, tienes razón. Ni contigo ni sin ti. Asín somos.

  7. Laura

    ¡Me encanta, me encanta, me encanta! Ja ja ja

  8. Mo

    Como la vida misma, vamos…
    Y eso que el mío está en fase mamítica aguda, pero las hijas adolescentes de Mr. X me sirven de recordatorio perpetuo de un futuro que llegará sí o sí.
    Conclusión: ahora que me deja voy a achucharlo un rato.
    Muas!

  9. jajajajajajja! Larga vida a Paco! Este… mejor no. La mía todavía es muy peque y no me ha tocado sufrir esa experiencia :D

  10. Yo y mis mini yos

    Pues a mi de momento se me pegan como lapas, asi que me temo que no se de lo que hablas :-)

  11. Al final todos estamos aquí para algún propósito.

  12. Hola, muy buena entrada!
    Comentarte que la he añadido al repaso de blogs semanal de Bebés y más.
    Un saludo!
    Armando.

  13. Muy buena reflexión… Cuándo quedamos para no sentirnos tan solas??? Puede que me tome sus cañas, pero prometo no marcharme así, a la francesa :)
    Un beso!

  14. Lo ve… He tardado pero me alegro de haber entrado justo hoy! Uno de mis grandes regalos de Reyes es usté… y su verborrea (a la altura de la de Paco, pero en bien, no se me ofenda jajaja)
    Que nunca le dé por ‘el interruptor/el interruptus’ señora mía, y podamos tener todo este año que empieZa para disfrutarla.
    A sus pies

  15. Totalmente de acuerdo, amiga… pero qué bien lo narras.
    Pásate por nuestro blog también:
    http://www.estapormama.es/blog/
    Un saludo!

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