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	<title>Blog de Madre</title>
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		<title>Bienvenido, Mr. Chándal</title>
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		<pubDate>Wed, 09 May 2012 05:29:35 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Tengo una amiga que un día me dijo después de una noche de algazara por ingesta de licores varios …<em>&#8220;Apenas podía vestirme esta mañana, amiga. Ahora entiendo por qué todos los que tienen gusto por esto de la noche tienen un chándal en casa&#8221;.</em> Y se quedó tan pichi. Hasta entonces no lo había deducido, pero investigué y comparé datos y de repente todas las pesquisas cuadraron.</p>
<p>Desde entonces realizo numerosos estudios sobre la tenencia y uso del chándal, su procedencia, razones que llevan a su adquisición y hasta he llegado a experimentarlo en carne propia porque no hay mejor manera de estudiar la realidad circundante que exponerte a las mismas condiciones que rigen la vida de los sujetos estudiados. <em>Tomayá.</em></p>
<p><a href="http://blog-demadre.com/wp-content/uploads/2012/05/bienvenido-mister-marshall.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-1133" title="bienvenido-mister-marshall" src="http://blog-demadre.com/wp-content/uploads/2012/05/bienvenido-mister-marshall-300x218.jpg" alt="" width="300" height="218" /></a>Y así me compré uno. Un chándal, digo. Gris clarito, con una sudadera con capucha y unas letras de extraña tipografía sobreimpresionadas en el pecho, como de estudiar en una universidad americana o algo. Durante los primeros meses me expuse a él de forma controlada, dos minutos el primer día, tres el segundo y así sucesivamente, hasta llegar a completar el tiempo que ocupa una mañana casi en su totalidad. Para salir a la calle solía quitármelo, que una cosa es una investigación rigurosa y otra muy distinta que me llamen para ir a <em>Sálvame.</em></p>
<p>Los días álgidos del experimento tuvieron lugar durante las bajas maternales, época en que aún no sabes si eres una persona o un barril de sidra, con lo cual te vistes con lo primero que tienes a mano. Un albornoz, un delantal, una sotana… El uso del chándal durante esta época me devolvió algo de dignidad, quien lo hubiera dicho.</p>
<p>Cuando finalizó mi estudio de campo guardé el chándal en el armario y no volví a sacarlo hasta que no comencé con esta nueva labor de CM, abreviatura de Community Madre (dícese de quien trabaja desde casa, pero sin rulos puestos, mientras con una mano gestiona alguna red social y con la otra envuelve <em>cocretas</em>) Al principio, y supongo que por continuar con el ritmo al que estaba acostumbrada, me duchaba a las 7 de la mañana y me sentaba a las 7.30h vestida como para ir a una comunión. Con el tiempo me fui haciendo más perezosa y dejé de ir a la peluquería a hacerme la manicura francesa y/o incrustarme piedrecitas brillantes en las uñas de gel, más que nada porque ahora sólo me veo los dedos yo. Como mucho, el cartero. Y eso cuando le abro.</p>
<p>Y así volvió el chándal a mi vida. Cuando me di cuenta de que los pantalones pitillo me estrangulaban las arterias tras dos horas sin levantar el culo de la misma silla, decidí rescatarlo del armario, pedirle perdón por el destierro y volver a hacerme su amiga.</p>
<p>A pesar de estas buenas migas, convivo con el bochorno y lo disfrazo de bien vestir a la mínima que tengo ocasión, desmembrando las dos piezas en un alarde de creatividad de indumentaria: el pantalón + blusón ibicenco; la sudadera + leggins monocromo. Con <em>cholas</em> en verano y calcetín de cuello vuelto en invierno. Todas estas combinaciones hacen que vaya vestida de mamarracha la mayor parte de mis días. Pero cómoda hasta decir basta, que de eso se trata al fin y al cabo.</p>
<p>Ahora que lo pienso, es posible que en estos días nuestra relación alcance cotas de amor inmenso porque tengo pensado, de momento sólo pensado, salir a correr algún que otro día a última hora de la tarde. He leído que es bueno que la sangre circule libre por todo el cuerpo, y no sólo hasta media pierna, así que estoy dispuesta a ejercitarme hasta la extenuación y en todos los foros desaconsejan para ello el uso del tacón o las sandalias de cuña. Quien sabe, amigos, si en realidad el hábito sí hace al monje y el uso del chándal no ha hecho florecer en mi interior un gusto desmesurado por el ejercicio físico y la oxigenación…<br />
Y dicho esto me callo y me recojo sobre mí misma para poder oír con claridad las risotadas y ahogamientos por hilaridad que sufrirá todo aquel que me conoce… Y es muy humillante esta falta de credibilidad, que lo sepan.</p>
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		<title>And the pisapapeles goes to…</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Apr 2012 08:32:46 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Cada vez que le pregunto a mi madre ¿<em>Mami, dónde están todos esos regalitos que yo te hice durante años por el Día de la madre?</em>, inmediatamente ella pone cara de haber sufrido un esguince cervical, acelera el paso y finge que hay fuego en el descansillo. Quizá los profanos puedan interpretar que mi madre es una bandida y que no apreciaba en nada la pretecnología de su hija, pero conociendo los antecedentes, es decir, tres hijas educadas en colegio de monjas siendo ésta que suscribe la última de ellas, comprenderán que el espacio en los cajones de casa era prieto más que reducido.</p>
<p>En mis años mozos y de loca escolarización recuerdo haber hecho pajareras con palillos mondadientes, cuadros tipo <em>collage</em> con macarrones y otros carbohibratos, <em>“tú-y-yos”</em> en tela panamá con casitas bordadas, <em>“tú-y-yos”</em> en tela panamá con flores bordadas, <em>“tú-y-yos”</em> en tela panamá con aberronchos bordados, piedras decoradas con témperas, cajas de galletas forradas de fieltro e incrustaciones de coloridas pelotillas, pisapapeles de arcilla con la forma de mi mano, huevos duros de colores pintados con ojos, boca y pelo de lana, tampones para estampar cincelados en una patata…y un sin fin de locuras más. Dudo que haya sido niña durante tantísimos años como para haber fabricado con mis propias manos tal cantidad de presentes.</p>
<p>Hoy entiendo la emoción que mi madre debía sentir cada vez que yo llegaba con un ejemplar de aquellos a casa, pequeños tesoros que te gustaría congelar en el tiempo para poder volver a verlos dentro de treinta años, cuando la niña que los ha hecho peine ya canas para su desgracia y el tiempo te devuelva así… ay, por dios creo que voy a llorar… Pero también entiendo que pasada la emoción y el subyugo inicial, la buena mujer se preguntara <em>¿Y qué leches hago yo ahora con esssto….?</em></p>
<p>Como tengo una madre lista cual ratón, durante un tiempo prudencial mantenía el objeto en cuestión a la vista para reforzar mi autoestima y fomentar que me sintiera orgullosa de mí misma y de mi propia capacidad artística. Para ello exponía el regalo durante una semana, o quizá más, en la estantería del salón, asegurándose de que la balda estuviera a la altura de mis manos para que pudiera alcanzarlo, tocarlo, experimentarlo y, si había suerte, romperlo. Si quedaba inservible de todas todas, lo tiraba a la basura con gesto apesadumbrado; y si simplemente se desmembraba, al menos ya había más facilidad para dividirlo por grupos en los cajones o esconderlo bajo la alfombra propiciando que alguien lo pisara sin querer al pasar. Y con las mismas, se hiciera astillas. Mi madre es la reina de la obsolescencia programada.</p>
<p><a href="http://blog-demadre.com/wp-content/uploads/2012/04/side_oscar.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-1128" title="side_oscar" src="http://blog-demadre.com/wp-content/uploads/2012/04/side_oscar-165x300.jpg" alt="" width="165" height="300" /></a>A medida que pasó el tiempo y me fui haciendo mayor, mis regalos fueron subiendo peldaño a peldaño en la dura y competitiva pirámide del <em>estilosismo maternal.</em> El ascenso dependía en todo momento de las monedas que consiguiera pescar cuando mi padre se quedaba dormido en el sofá. En cuanto el hombre recobraba la verticalidad, yo me levantaba como un resorte para explorar bajo los cojines y aspirar como un oso hormiguero cualquier duro alocado que hubiera escapado de su pantalón. Con las manos llenas corría entonces a comprar alguna de aquellas estatuillas tipo <em>Oscar </em>de Hollywood, pero en material de <em>corchopán,</em> con la inscripción “A la mejor mamá”, perfecto regalo comodín donde los haya pero si es en pequeñas cantidades, ojo, porque en mi casa logró superar en número a los famosos Guerreros de terracota de la dinastía Qin Shi. Mi madre habilitó una habitación sólo para ellos y les ponía nuestra ropa cuando ya no nos servía, no les digo más. Qué tonta, al final les cogía un cariño…</p>
<p>Cuando no tenía dinero ni ninguna idea chula e intuía vagamente que volver a comprar el mismo regalo supondría que mi madre ejercitara el ‘tiro de <em>Oscar</em> a cabeza de hija’,  simplemente lo reconocía. Entonces mi madre me miraba amorosa y me decía <em>“si yo no necesito nada, mi amor, con teneros me basta”. </em>Sé que lo decía<em> </em>sinceramente y con la esperanza de que me agarrara a su cuerpo y me frotara como una manopla, con el gustico que eso da… Si yo te entiendo, madre &#8211; pienso ahora &#8211; que el amor sacia una barbaridad, pero oye, que si además de eso te premian el esfuerzo realizado con unas buenas gafas de sol o un BonoSpa de cinco tickets, pues bienvenido sea, que menos hace al año Luis Miguel y al final con la tontería siempre le cae un EMI.</p>
<p>Personalmente debo admitir que en los últimos años he disfrutado en carne propia de los mejores obsequios que una madre pueda imaginar: un imán de nevera con su carita y la inscripción “Te quiero mucho, mamá” y un pisapapeles de arcilla con la forma de su mano y la inscripción “Te quiero mucho, mamá”. Está claro que los tiempos cambian pero los regalos para madres seguirán conservando <em>sine die</em> la misma materia prima de base. No sé qué tendrá la arcilla, qué tendrá la arcilla, oye.</p>
<p>Sólo quedan dos semanas para el evento y apenas puedo resistir ya la curiosidad de saber qué tendré de regalo este año. Y eso que por primera vez puntúo doble, porque con las dos escolarizadas ya en infantil y guardería, no me gana nadie a hijas hacendosas y handmakers. ¡Hú-Há!</p>
<p>La semana pasada Lamayor me avanzó, <em>“¿Sabes qué, mama? Te estoy haciendo una bolsa para el día de la madre, como regalo, pero no te puedo decir qué es.”  </em>Ganas<em> </em>me dieron de preguntar <em>¿acaso no es una bolsa, cariño?</em>  pero inmediatamente puse cara de haber sufrido un esguince cervical, aceleré el paso y fingí que había fuego en el descansillo. Sea lo que sea, gritaré e hiperventilaré cuando lo vea, estoy segura. Luego lo mantendré en el salón un tiempo prudencial hasta que la divina providencia haga con él y con su futuro lo que buenamente juzgue oportuno. Pero antes le haré una foto, eso sí, que ya saben ustedes de esta querencia mía a las instantáneas. Y cantidad de ellas acumularé y acumularé, hasta que me llegue el día de recibir mi más que merecido Oscar.</p>
<p>En paralelo, pediré también las gafas de sol, que una no sabe quien puede estar oyéndole ahí fuera…</p>
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		<title>Lamadre oronda</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Apr 2012 10:05:12 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>El engorde postvacacional es algo inherente al ser humano, no lo niego, ese rezongar desidioso durante días sobre el cojín hace que vuelvas a casa con varios (cientos) de (miles) de kilos de más. Pero en el caso de Lasmadres, la cosa alcanza tintes de drama griego.</p>
<p><a href="http://blog-demadre.com/wp-content/uploads/2012/04/gorda11.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-1122" title="gorda1" src="http://blog-demadre.com/wp-content/uploads/2012/04/gorda11-300x210.jpg" alt="" width="300" height="210" /></a></p>
<p>Les contaré una historia.<br />
Hace 5 años yo pesaba 55 kilos. Palabrita. Más mona iba yo con cualquier cosita que me echaba encima… ¡hasta en bata se apreciaba mi salvaje donosura! Los motivos de la esbeltez eran, a mi entender, básicamente dos: a) el estado de mis nervios y b) mi escaso aprecio por el dulce. Sobre lo primero no tengo que decir más ná porque ya me venía de serie y bastante gasto me ocasiona en cuerdas cuando atarme a un poste es mi única opción para el relax. De lo segundo, en cambio, siempre presumí ufana: <em>‘Os juro, amigas, que no pruebo el dulce ni amenazada’</em> solía decir por los corrillos, mientras mis amigas planeaban la mejor forma de hacerme caer por las escaleras forzándome un traspiés.<br />
Raras veces, normalmente tras meses y meses sin ingesta alguna de glucosa, me apetecía con desasosiego una palmera de chocolate y entonces atracaba una pastelería en chándal. Débil y con borrosa visión frontal por la falta de azúcar, me acercaba al mostrador y señalaba cualquier pastelillo con gesto tembloroso y las uñas negras. Después salía a la calle y me lo zampiñaba agazapada en cualquier portal.<br />
Pero al embarazarme, todo cambió.<br />
De un modo misterioso me empezó a apetecer dulce a todas horas del día. Recuerdo que Marido me hacía unas pintas de leche con colacao escandalosas que yo ingería de buena gana cada noche después de cenar. Y así hasta los 14 kilos de superhábit. Desde entonces, volver al peso prehijos siempre ha sido una quimera para mí. En alguna ocasión, qué sé yo, tras una gastroenteritis la mar de oportuna o algo así, he llegado a vislumbrar de nuevo el límite del vientre plano pero por norma general, la lorza que me circunvala tiene entidad y grosor suficiente como para que le expidan pasaporte propio.<br />
Tras los embarazos, y una vez experimentada la hiperglucemia en carne propia, creo que mi cuerpo pide salsa con mayor frecuencia que antes. Jamás en la vida me había visto yo suspirando por el bote de regaliz rojo y hoy salivo de sólo escribirlo…</p>
<p>Y es que con hijos en casa lo de mantenerte en tu peso da risa grande y gorda si tenemos en cuenta que se esconden por los armarios los más malévolos festines calóricos. Chocolatinas, patatitas, phoskitos, bocabits … cualquier <em>gadget</em> infantil es bueno para aplacar este goloso fervor. Por no hablar de las bolsitas de chuches de los cumpleaños que tienes secuestradas en la cocina, que se las prohíbes con insistencia a tus hijos y siempre acabas por comértelas tú. Y a escondidas, maja, <em>ques</em> peor…<br />
Tus hábitos alimenticios también cambian y eso en poco ayuda. Antes podías cenar sin remordimiento una barrita de cereales espachurrada y mantenerte a salvo hasta el nuevo sol y ahora organizas cada noche en casa un desfile de alimentos semejante a una fiesta vikinga. Carne asada, empanados, fritos, rehogados… nada es suficiente para un buen menú infantil. Primer plato, segundo plato y postre. Por norma. Y tú comiéndote todo lo que ellos dejan en el plato, por no tirarlo. Tras la cena aparece la culpabilidad y crece la lorza. Para aplacar las ganas de comer postre corres a lavarte los dientes como poseída por El Espíritu del Frescor Bucal, pero después de apenas cinco minutos saboreando el mentol, te das por entero al toblerone, si total, no se va a enterar nadie. Y vuelta a enjuagar.</p>
<p>En vacaciones las cosas empeoran una barbaridad. Con tanto trajín de entrada y salida de casa aterrizas en las cenas agotaíca y exprimiíca, sin apenas fuerzas para abrir la puerta del frigorífico y preparar viandas frescas. En ese momento decides poner en práctica aquel dicho de ‘Nunca es tarde si la pizza es buena’. Una llamada telefónica y treinta minutos después ya tienes en el salón calorías para toda la familia y para cualquier escuadrón de mossos que tenga a bien presentarte sus respetos a esas horas de la noche.<br />
Pero, ojo, que a poco que te descuides la lorza crecerá tanto que en ocasiones parecerá que escondes un cinturón portaherramientas bajo el jersey. Si eres cuca conseguirás esconderlo con amplios blusones y jerséis XL, pero en la soledad de la ducha poca escapatoria hay, mari.<br />
Personalmente, creo que en estas vacaciones me he extralimitado salvajemente. Después de 4 días en tierras catalanas, lloviendo a mares y probando con gozo e insistencia la <em>nouvelle cuisine</em> de Lahermanadenmedio, es posible que la DGT deba obligarme a señalizar la maniobra acústicamente cuando camino marcha atrás.<br />
Por eso, a dios pongo por testiga que o me quito 4 kilos antes de que abran la piscina o me planto una túnica y me convierto al islam, pero no someto este cuerpo serrano mío al escarnio público ni borracha perdida.<br />
He dicho.</p>
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		<title>Unas sinvergüenzas todas…</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Mar 2012 09:11:33 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Son muchas las costumbres y maneras que se pierden con la maternidad, ya lo sabemos, hartas estamos de comentarlo en corrillos callejeros cuando nos ataca esa vena de “¿Donde habré dejado yo mi yo?”. Pero creo que una de ellas, &#8230; <a href="http://blog-demadre.com/?p=1111">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Son muchas las costumbres y maneras que se pierden con la maternidad, ya lo sabemos, hartas estamos de comentarlo en corrillos callejeros cuando nos ataca esa vena de <em>“¿Donde habré dejado yo mi yo?”</em>. Pero creo que una de ellas, al menos una, es común a casi todas las madres del planeta: la pérdida total y absoluta de la vergüenza. La consciencia de tu propio cuerpo y la facilidad con que lo muestras a los demás durante la vida materna roza casi los límites de la exhibición.<br />
<a href="http://blog-demadre.com/wp-content/uploads/2012/03/exhibicionista.gif"><img src="http://blog-demadre.com/wp-content/uploads/2012/03/exhibicionista.gif" alt="" title="exhibicionista" width="152" height="190" class="aligncenter size-full wp-image-1112" /></a></p>
<p>Desde que te quedas embarazada y comienzan las ecografías y exámenes mensuales sabes que se inicia una etapa en la que tu entrepierna será más visitada que la de la buena de Mesalina. Al principio te resultará inquietante mirar a los ojos de tu ginecólogo después de una exploración, te sentirás violenta y obligada a tener conversaciones de ascensor tipo <em>“Parece que refresca, ¿no?”</em>, pero al final se establecerá entre los dos una conexión casi cósmica, lógico si tenemos en cuenta que el buen hombre sabe exactamente el estado de las paredes de tu útero y te ha visto los órganos más internos y escondidos, sin necesidad siquiera de invitarte a cenar un día.<br />
Visita tras visita, tu facilidad para desnudarte en su consulta crecerá exponencialmente y habrá días en que hasta te desabroches el suje en el ascensor para ahorrar tiempo, que con la batería de preguntas que llevas anotadas en el cuaderno, igual suena la campana antes de que termines tu exposición y debas volver a casa con la misma ignorancia con que saliste.</p>
<p>Si rompes aguas en la intimidad de tu casa todo irá bien, sólo tendrás que llamar al padre de la criatura y él ya se lo espera, pero si se te ocurre hacerlo en la moqueta de la oficina, tendrás que explicarle a Paco el de Administración algún que otro proceso biológico que el pobre sólo vio en los libros de COU. Con una mano delante y otra detrás, y la sensación de haberte caído vestida a una piscina de niños, llegarás hasta el hospital mojando el skay de cuantos asientos encuentres a tu paso.</p>
<p>Mientras dilatas tranquilamente <em>tralará larito </em>en la habitación del hospital, conectada a un transistor que te dice hasta la presión atmosférica y el tiempo que va a hacer la semana que viene en Tomelloso, alguien llamará a la puerta y susurrará <em>¿Se puede?</em> Con precisión mecánica te desabrocharás la bata y te tumbarás presta sobre la cama, con las piernas en perfecto ángulo de 90 grados, mientras canturreas distraída <em>“ay, a ver si hemos ganado ya un centímetro más, ¿verdad, doctor?”</em><br />
<em>Yo sólo venía a ver si tienen ustedes monedas para la tele </em>– te contestará un ser ojiplático – <em>y no he traído herramientas, ni metro, ni nada. Ya lo siento, señora.</em><br />
Tranquila, si es que con esa uniformidad de batas blancas ya no sabe una con quien tiene el gusto de hablar…<br />
<span id="more-1111"></span><br />
Borrachísima de dolor y anestésicos, las escenas que vives en el paritorio son muy cómicas todas, como de entremés variado. Desnudica toda tú y rodeada de más cabezas que en una final de la Eurocopa, una serie difícilmente cuantificable de manos te conectarán y te pincharán como si fueses un aperitivo. Eso si no tienes la suerte de toparte con una señora robusta que te abofetee tras el parto para que recobres tu prestancia de ánimo, como me sucedió a mí una vez. Palabrita. </p>
<p>Durante tu estancia en la habitación, si das con personal hospitalario diligente y mañoso, habrá momentos en que hasta hagan la cama contigo dentro. Ahora de un lado, ahora del otro, vuelta con semiflexión lumbar…y voilà. <em>¿Quieres que te lavemos? No gracias, ya me apaño yo.</em></p>
<p>Mientras te vas a casa sonríes aliviada pensando que recuperarás tu cuerpo y tu intimidad, pero nada más lejos. Cuando el miniser llore desconsolado, te echarás instintivamente la mano al pecho para valorar su masa y consistencia y ver si ya está listo para atender necesidades ajenas, algo diferentes en esencia a las que estabas habituada.  Comprobación tras comprobación terminarás acostumbrándote a tocarte la pechera con tanta naturalidad, que hasta lo harás en las reuniones del Comité e incluso cuando ya no sea necesario dar de comer a nadie en la sala.</p>
<p>Si la hora de la comida te sorprende fuera de casa, al principio te esconderás ruborizada bajo el jersey o algún pañuelito sedoso que portes a tal efecto. En tus últimos meses de lactancia sopesarás ponerte publicidad sobreimpresionada en la zona del torso porque las páginas vista de tu canalillo superarán con creces las de Google y Yahoo juntas.</p>
<p>Reconozcamos que entre mujeres también somos muy dadas al exhibicionismo, ojo. <em>¿Cómo dices que te quedó la cicatriz de la cesárea? Así, mira. Ah, vale, qué bien.</em> ¿Qué importa que hayas coincidido azarosamente con esa mujer en un baño público y ya no la vuelvas a ver en tu vida? Tanto mejor.</p>
<p>Jugueteando con tus pequeños en plena calle, o en el parque, también puedes aprovechar para enseñarle el culo al mundo, por poner un suponer. ¿Quién no se ha agachado a atarle un cordón al peque y ha visto cómo la cinturilla del pantalón le bajaba hasta medio muslo? ¿Identifican ustedes la postura? Inmediatamente te levantarás y recolocarás la tela en un coqueto gesto, pero la foto ya te la han hecho, bonita, y esa línea divisoria de cachetes que dejaste entrever quedará por siempre grabada en la retina de todos los que por allí pasaban.</p>
<p>Llevar a un bebé en brazos con capacidad ya para manejar sus deditos prensiles y agarrarse a tus botones de la camisa, siempre es un peligro manifiesto, también te advierto. Cuando no le dé por meter directamente el puño por el pico del jersey, como la mano inocente seleccionada entre el público para sacar de tu escote la bolita premiada. Este gesto tan lleno de amor filial suele cerrarse con alguna frase tipo “ay, qué rico el chiquitito, querrá comer y buscará platito”. Sí, no pasa nada, para el resto de la humanidad tú sigues siendo una bolsa de Triskis.</p>
<p>Otro acontecimiento ciertamente chisposo es hallarte hablando con el marido de una amiga en la piscina y que tu hijo de repente te baje el bikini. Trataba el angelito de trepar hasta tus brazos cuando en su camino halló un lazo del que tirar para asegurarse en su escalada. La verdad, no entraba en tus planes dar tanta información a los vecinos, pero ya que estás comentarás sin pudor alguno lo bien que hacen la cera en las inglés en la peluquería que hay frente a la urbanización. Y tan pichi.</p>
<p>En definitiva, amigos, las madres solemos ser sinceras, singulares, sinforosas y a veces hasta siniestras, pero por encima de todo somos siempre unas sinvergüenzas… Qué remedio.</p>
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		<title>Bienvenida a la imperfección</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Mar 2012 15:44:14 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[- Pero, y tú ¿has renunciado ya a ser perfecta o todavía no? – me preguntaba una amiga hace unos días, frente a dos cañas magníficamente tiradas y un plato de patatas fritas que volaron al instante por los aires &#8230; <a href="http://blog-demadre.com/?p=1105">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://blog-demadre.com/wp-content/uploads/2012/03/chica-imperfecta.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-1106" title="chica imperfecta" src="http://blog-demadre.com/wp-content/uploads/2012/03/chica-imperfecta-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>- Pero, y tú ¿has renunciado ya a ser perfecta o todavía no? – me preguntaba una amiga hace unos días, frente a dos cañas magníficamente tiradas y un plato de patatas fritas que volaron al instante por los aires como megacalóricos pétalos tras un soplido.</p>
<p>- Por supuesto que sí – contesté muy digna, mientras recogía de la mesa una a una las miguitas con el dedo índice chupao, que, oye, desde que decidí no extralimitarme con los aperitivos, no veas qué hambre paso…</p>
<p>¡Pero seré mentirosísima! – pienso ahora en la calidez del hogar. ¿De verdad he renunciado a ser la madre perfecta? Todo me hace sospechar que no, pero bueno, en mi defensa diré que aquella fue una mentira involuntaria, o una medio verdad autocreída, como tengo a bien bautizarla ahora mismo, porque en realidad yo estoy convencida de que sí.</p>
<p>Pero no.</p>
<p>Claro que no.</p>
<p>¿De qué si no iba yo a ir corriendo trasconejada para todos los lados, sintiéndome mal por no poder dar más de mí y culpable por los ratos en que necesito no darlo…? En vez de auparme a los altares, o al menos subirme a las mesas que es un plan algo más realista, dando saltitos como las pulgas hasta situarme en la posición que merezco, me empeño sistemáticamente en flagelarme hasta el despelleje por lo que no consigo.</p>
<p>Abarcarlo todo. Eso es exactamente lo que no consigo. Y cuando digo todo, es todo: alimentación, educación, ocio, cultura, sanidad, limpieza, decoración, fomento de las artes plásticas y escénicas, esparcimiento al aire libre, corte y confección …todo para mí, todo cuanto rodea a mis crías, todo todo, todo bajo mi supervisión de superwoman …</p>
<p>… Y eso que la llegada del primer hijo es una auténtica palmadita en los morros para aquellas que creíamos saberlo todo en esta vida. Claro, te crían como a los pollos de competición, adiestrados para ganar y además mantener la melena perfecta hasta en las situaciones más límite, y de un día para otro te ponen un niño en los brazos. El fruto de vuestro amor, un hijo sin instrucciones, una verdadera bomba de cuello corto…</p>
<p><em>Mujer – </em>te dirá alguien desde un megáfono el día que menos lo esperes<em> – tú que hasta hoy te preocupabas casi exclusivamente de la longitud y textura gomosa de tus rizos, serás condenada a preocuparte hasta la extenuación por aquello que crece en tu vientre y a no descansar jamás hasta que no descanse tu progenie”. </em> Luego la voz desaparecerá y se irá a dar por culo a otro lado.</p>
<p>Para evitar que se sepa que en realidad las primerizas no sabemos de nada y que nos cagamos de miedo por las esquinas, con el primero nos autoimponemos una rutina espartana. Que ríete tú de <a href="http://inciclopedia.wikia.com/wiki/Baldomero_Espartero" target="_blank">Baldomero Espartero</a>. Tenerlo todo mentalmente colocado (…sólo tejido de algodón y lavado a mano, temperatura constante en bañera, siempre agua mineral en biberón, baños a su hora, gluten <em>justico</em>, nada de comida de bote…) es la mejor forma de que no se escape nada a tu control. Poco a poco, y cuanto más a rajatabla llevamos la maternidad, más sentimos que rozamos la perfección. ¡Y que no te tosa <em>naide</em>!</p>
<p><span id="more-1105"></span></p>
<p>La llegada del segundo hijo, en cambio, hace bajar una cuarta tu nivel de alerta y expectación, porque los mitos cayeron con el primero como tótems gordos haciendo ¡pum! El segundo hijo es capaz de comerse del suelo cosas que jamás rozaron la hebilla del zapato del mayor, no hablemos ya de la <em>jartá</em> a gusanitos diez minutos antes de cenar o el bañarles con jabón de marca blanca, si es que les bañas, que ésa es otra… Una vez demostrado que un niño no trasmuta en bicho bola si un día no come a las 12 horas 39 minutos, una se relaja ya una barbaridad. Y aquí paz y después Soria.</p>
<p>Supongo que con el tercero y subsiguientes, la cosa crece de manera exponencial. Tengo unos amigos que tienen 4 hijos y un día vieron aparecer a la pequeña en la cocina llevando en las manos su primera cartilla de notas. <em>Pero bueno, ¿ya andas?</em> – le preguntaron estupefactos… ¡No sabéis qué susto! Ni siquiera eran conscientes de haberla escolarizado ya. Con el lío que se arma cuando llega el mes de las matrículas puede ser, la verdad, no les culpo.</p>
<p>Una buena prueba para saber si estás preparada para dejar de ser perfecta es empezar a  delegar ¡Ay, delegar! ¡Que me parto! Con lo bien que haces tú las cosas ¿para qué darle a otro el placer de hacerlas? Porque seamos sinceras, hermosas mías, todas sabemos que ser perfecta no consiste en hacer las cosas bien, sino en hacerlas nosotras! Claaaaro. Si delegas y no te sale un eczema por los nervios, eso que has <em>ganao.</em></p>
<p>En fin, una vez que asumes que con miniseres en casa es del todo imposible tenerlo todo bajo control, ya puedes relajarte y dejar de hiperventilar. La vida se ve de muy diferente forma el día que no sientes la necesidad de respirar en una bolsa al ver que una vela de moco se descuelga hasta rozar descarada la boquita de tu bebé o que tu niño lleva en el calcetín un tomate tamaño mesa de comedor justo el día en que decides ir a una zapatería a renovar su calzado de temporada.</p>
<p>Al aceptar la imperfección se abre ante ti un mundo lleno de oportunidades, olvidos y desatinos a los que también tendrás que acostumbrarte…<em>¡Ah! …pero, cariño, ¿hoy tenías la excursión? …¿De verdad era ayer la cita con tu tutora?&#8230; ¿Cuántos años dices que cumples?&#8230;</em></p>
<p>A estas alturas ya sabemos de sobra que si no sigues el Manual de la Ultraperfección Maternal, si no llevas a tu hijo disfrazado cuando toca o si el pobre mío come y cena lo mismo dos días seguidos, el mundo es perfectamente capaz de perdonártelo… Pero, ¿y tú? …</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Las desveladas</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Mar 2012 09:08:08 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Como bien dice mi amiga Gardelegui, mientras Marilyn se ponía para dormir dos gotitas de Chanel Nº5, yo simplemente me pongo nerviosa… Y es que es matemático, acumulo sopor a manos llenas desde las 6 de la tarde hasta las &#8230; <a href="http://blog-demadre.com/?p=1098">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Como bien dice mi amiga Gardelegui, mientras Marilyn se ponía para dormir dos gotitas de Chanel Nº5, yo simplemente me pongo nerviosa…</p>
<p>Y es que es matemático, acumulo sopor a manos llenas desde las 6 de la tarde hasta las 23 horas, 37 minutos y en cuanto me meto en la cama y apoyo la redecilla contra el mullido tacto de la almohada, la cabeza se me dispara locamente y me da por intentar salvar al mundo de la debacle.</p>
<p>Entonces, a velocidad de vértigo, miles de pensamientos se me agolpan como inquietos manifestantes, cantando, golpeándose entre ellos y rebotando contra mis sienes sin orden ni concierto ninguno. Se empujan, se dan tirones, pellizcos, puñetazos. Total, un lío muy gordo.</p>
<p><a href="http://blog-demadre.com/wp-content/uploads/2012/03/insomnia-eye.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-1099" title="insomnia-eye" src="http://blog-demadre.com/wp-content/uploads/2012/03/insomnia-eye-285x300.jpg" alt="" width="285" height="300" /></a>- Otro día sin llamar a Maripili, al final me va a dejar de hablar…</p>
<p>- ¿Mañana hago empanadillas para cenar? ¿Más carbohidratos? ¿Me quitarán la custodia amparados por los consejos de Ernesto, el Dietista <em>Perfesto</em>?</p>
<p>- ¿Por qué Rajoy se tiñe el pelo y no la barba?, ¿no se da cuenta de que parece retocado con el Paint?</p>
<p>- Goofy es un perro y conduce un coche. Pluto es un perro y duerme en una caseta. Nolontiendo.</p>
<p>- Volviendo a lo de Rajoy ¿Se dará <em>henna</em>?&#8230; porque a mí no me queda el tinte igual de cubriente, la verdad…</p>
<p>- <a href="http://www.youtube.com/watch?v=D67kmFzSh" target="_blank">Ground control to Major Tom,</a>  oyoyoy, qué gran canción. Qué guapo Bowie. Ground control to Major Tom. Tino nino nino ní…</p>
<p>- ¿Alguien tose? …Voy a ver…</p>
<p>Si en mitad de estas dilucidaciones de vital importancia una de mis hijas se despierta, tose, aletea o modifica su posición lo más mínimo con respecto a la horizontal del colchón, ya tengo yo una razón de extremo sobrepeso para levantarme y rondar por la casa. Eso sí, me levantaré con gesto fastidioso pensando, <em>Vaya, justo ahora que estaba cogiendo el sueño…</em></p>
<p>Después de atender a los miniseres como se merecen, bien susurrando dulces palabras de amor o gritando <em>¡que te duermas ya, leches!</em>, es probable que la peli vuelva a repetirse sin apenas modificar el argumento.</p>
<p><span id="more-1098"></span><br />
- Oye, qué fríos tengo los pies. Todo por levantarme descalza. Si los acerco sigilosa a Marido quizá me lleve una patada. Ves, lo sabía.</p>
<p>- Y volviendo sobre lo de Rajoy… ¿Cada cuánto le retocarán las raíces? Me tiene fascinada ese brillo y esa uniformidad de tono…</p>
<p>- Donald es un pato y pinta la valla de su casa día sí y día no. ¿Y entonces el pobre Pluto, insisto?</p>
<p>- ¿Tendré que ir mirando institutos para dentro de 10 años? Mañana debo recordar echar un ojo a la lista de los más valorados. Mejor me levanto y lo apunto.</p>
<p>- ¿Por qué la nevera tiene luz pero el congelador no? ¿Será sólo en mi casa?</p>
<p>- Hablando de congelador, ¿he sacado la carne para mañana? ¿Si? ¿No? .. ¿No? Pues nada, otra vez empanadillas…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Amigos, la experiencia me dice que llenarse la cabeza de millones de cosas durante el día, hace complicado en extremo que una pueda vaciarla fácilmente de noche. Ojalá viniéramos de serie con un botón de <em>reseteo</em>, en rojo chispa bajo la oreja, que te dejara el cerebro vacío cuando la información almacenada llegara a enquistarse y ya no aportara nada nuevo. Ni siquiera bueno. Su desagüe y limpieza sería infinitamente más fácil, dónde va a parar.</p>
<p>Aunque no nos pasa a todos, ojo, no creo que sea una característica definitoria del ser humano, así en general. Marido tiene la cabeza tan llena como yo o incluso más, porque la suya es mucho más grande, y prometo que se duerme todos los días antes de terminar de decir “buenas noches”, será por eso que nunca termina la frase con la palabra “cariño”, pero porque no llega, no porque no sea cariñoso. Marido se duerme tan rápido que hay días en que se duerme nada más abrir la puerta de casa. Paso por delante y le veo apoyado levemente, con el traje y la gabardina, respirando acompasadamente bajo el dintel. Entonces me muero de amor y le acompaño hasta la camita, le doy sopa de pollo y le dejo dormir hasta la mañana siguiente.</p>
<p>Él dice que esta tendencia narcoléptica suya es debido a dos cosas: una tremenda facilidad para desconectar y una conciencia tranquila. Yo básicamente creo que es debido a una tremenda facilidad para desconectar, evadirse, escaquearse y sobrevolar cualquier escena como si viniese de Tritón.</p>
<p>En definitiva, tener una pareja <em>roncante</em> no hace más que agravar tus momentos de enrosque nocturno porque no hay nada que jorobe más que otros hagan en tus narices lo que tú no puedes hacer ni esforzándote. Entonces se despierta la hiena que hay en ti. Una hiena malísima que se mueve muy bruscamente sin motivo aparente <em>Huy, cariño, ¿te he despertado? ¡Qué contrariedad! Vuelve a dormirte, no hagas caso de mi insomnio, ni de mi dolor, ni de mi miseria… </em> Antes de terminar la frase ya se oye zzzzzzzz al otro lado de la cama.</p>
<p>Y es que, amiga, estás sola en tu desvelo, ya sólo te queda levantarte y ponerte a escribir un post. Ya mañana, si eso, portarás valiente y orgullosa una estupenda cara de desenterrada…</p>
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		<title>Pal&#8217;armario IX</title>
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		<pubDate>Tue, 06 Mar 2012 13:59:12 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Nueva cascaría tecnológica y de espectacular modernura. Con ella será usted el mayor innovador sensorial de su pandilla&#8230; &#160; &#160;]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Nueva cascaría tecnológica y de espectacular modernura. Con ella será usted el mayor innovador sensorial de su pandilla&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_487" class="wp-caption aligncenter" style="width: 242px"><a href="http://blog-demadre.com/?page_id=428"><img class="size-medium wp-image-487 " title="Elarmario de Lascascarrias" src="http://blogdemadre.files.wordpress.com/2011/03/elarmario-de-lascascarrias1.jpg?w=232" alt="" width="232" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Elarmario de Lascascarrias. Abra con un clic y deje su artefacto inservible.</p></div>
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		<title>El Grito</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Feb 2012 14:27:45 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Soy buena madre, lo sé, lo soy. Que sí, que sí. Me preocupo por mi camada de forma casi compulsiva, me despierto por la noche si tosen y si no tosen, también, no se les vaya a ocurrir hacerlo y &#8230; <a href="http://blog-demadre.com/?p=1059">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Soy buena madre, lo sé, lo soy. Que sí, que sí. Me preocupo por mi camada de forma casi compulsiva, me despierto por la noche si tosen y si no tosen, también, no se les vaya a ocurrir hacerlo y me pillen en pleno sopor. Si no tosen, también estoy facultada para matar monstruos nocturnos y hacer que nada perturbe la dulce cadencia de sus ronquidos. De día procuro que coman de manera equilibrada, las abrigo hasta que quedan bien rollizas, les camuflo los enchufes y los cuchillos jamoneros y las beso con insistencia agarrándome fuertemente a sus mofletes hasta que desesperadas me empujan para poder respirar. Sí, así soy yo. Toda dulzura, cuidados y dedicación.</p>
<p><a href="http://blog-demadre.com/wp-content/uploads/2012/02/El-Grito2.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-1073" title="El Grito" src="http://blog-demadre.com/wp-content/uploads/2012/02/El-Grito2-247x300.jpg" alt="" width="247" height="300" /></a>Sin embargo hay veces, pequeños momentos de enajenación mental transitoria, en que me vuelvo tarumba y lanzo improperios sin mediar provocación previa. Momentos en que se me da la vuelta la cabeza y trasmuto en un arapahoe sin penacho de plumas, que corre semidesnuda por la casa, machete en mano, dispuesta a arrancar cabelleras.</p>
<p>Y entonces grito. Grito mucho. Hasta que me salen gallos, me duelen las amígdalas o me oyen todos los vecinos del barrio, lo que antes suceda.</p>
<p>Grito sin venir a cuento, grito desgarrada, grito, grito. Grito en casa, en la calle y en el centro comercial.</p>
<p>-        Aaaaaaahhhh peroooo, qué es eso??? ¿Estáis locas?  ¡¡Me vais a matar a disgustoooos!!!</p>
<p>-        Pero si sólo son témperas, mami…</p>
<p>-        ¿Témperas? ¿Témperas? ¿En el salón? Aaaaaaaahhhhh me vais a matar a disgusssstooos!!!</p>
<p>-        Si nos las compraste tú ayer, mami…</p>
<p>-        Pero no para que las utilizarais, insensatas!!!</p>
<p>Y así todo&#8230;<br />
<span id="more-1059"></span><br />
Luego me siento fatal por hacerlo y me castigo por no poder templar esos nervios o poner freno al grito antes de que surja solito garganta arriba.</p>
<p><em>Anda, que vaya ejemplo les estás dando</em> – me digo mientras saco el látigo del aparador; y a continuación, me doy fuertemente en la espalda. Una, dos y hasta tres veces.</p>
<p>Cuando termino de castigarme hago examen de conciencia y me prometo a mí misma reaccionar de forma más pausada la próxima vez, tener más paciencia, ser más dulce y mejor comunicadora…también peinarme siempre antes de ir a buscarlas al cole, no bajarlas al parque con rastros de mocos o lamparones en la pechera, llamar más a mi madre, quedar más a comer con mis amigas, ser más proactiva, más receptiva, mejor persona… A ver, espera, que me desvío…</p>
<p>Hay días en que el grito llega sin previo aviso, pero otros no. En ocasiones sé exactamente cuándo y dónde voy a empezar a bramar. Pero saberlo no me ayuda a anticiparme, lástima.</p>
<p>La miro y pienso “<em>No, no lo hagas, no escondas esa coliflor bajo la servilleta, que acabas de intentarlo con el tomate y los guisantes y te he pillado las dos veces…”</em> Pero lo hace. Y luego me mira. Y espera paciente el grito.</p>
<p>-        ¿Y qué quieres que haga ahora? – le pregunto hierática toda yo.</p>
<p>-        Castigarme o darme chuches, lo que quieras – contesta Lamayor tanteando a ciegas mi nivel de cabreo.</p>
<p>-        ¡¡…Peeeero es que no puedes hacerme caso por unaaaa veeez en tu viiidaaaaaa!!!</p>
<p>Ahí está. Ya llegó. El drama. Y con él, el grito.</p>
<p>Hay días que estoy algo más avispada y consigo salir corriendo para llegar justo a tiempo de gritar en otra habitación. Lanzo el alarido contra la puerta del armario y salgo fresca como una lechuga, renovada y lista para decir con voz aterciopelada…</p>
<p>-        No, mi vida, en la pared no se pinta. No, cariño, tampoco en la tele ni sobre el ordenador de mamá. Y mucho menos con rotulador. Así no, caaaca.</p>
<p>Luego paso mi mano amorosa por sus cabecitas y continuamos echando la tarde sin que nada perturbe la paz del hogar.</p>
<p>Como Marido conoce mis cuitas, la pasada Navidad me regaló un bonito cojín amortiguador con mis iniciales bordadas. Cuando veo que me sobreviene el grito, aplasto la cabeza fuertemente contra el relleno mullido y a continuación doy rienda suelta a mi <em>yo berreador</em>, que fluye libre, pero mágicamente mudo. Y así no tengo que levantarme. Requetebién.</p>
<p>Cuando la culpa no me deja disfrutar de mis propias neurosis, me digo que tampoco es para tanto, oye, que yo me crié con una madre amorosa y mezzosoprano y ni un rastro de trauma conservo…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Post de Padre IV: Félix Padrazo Returns</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Feb 2012 10:30:14 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[El amigo FÉLIX PADRAZO está desatado. Que lo sepan. Incapaz de contener su sapiencia paternal y su verborrea, vuelve a deleitarnos con un fantástico Post de Padre. Esta vez el centro de sus cuitas son las actividades extraescolares, que toman &#8230; <a href="http://blog-demadre.com/?p=1056">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El amigo FÉLIX PADRAZO está desatado. Que lo sepan. Incapaz de contener su sapiencia paternal y su verborrea, vuelve a deleitarnos con un fantástico Post de Padre. Esta vez el centro de sus cuitas son las actividades extraescolares, que toman cuerpo y forma en la figura del niño paracaidista. Tomayá. Pasen y vean&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://wp.me/P21gCd-fr"><img class="aligncenter size-thumbnail wp-image-962" title="papa" src="http://blog-demadre.com/wp-content/uploads/2011/12/papa1-150x150.gif" alt="" width="150" height="150" /></a></p>
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		<title>Lanana</title>
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		<pubDate>Thu, 16 Feb 2012 10:59:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Blogdemadre</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Prefiero que me deje mi marido a que me deje mi asistenta - solía decir una amiga cuyo nombre no revelaré ni bajo tortura china por miedo a futuras represalias por parte de su cónyuge, que es mi primo Juan. &#8230; <a href="http://blog-demadre.com/?p=1041">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Prefiero que me deje mi marido a que me deje mi asistenta </em>- solía decir una amiga cuyo nombre no revelaré ni bajo tortura china por miedo a futuras represalias por parte de su cónyuge, que es mi primo Juan.</p>
<p>Y es que en muchas ocasiones, Lachica, Laniñera, Lanana, supone para nosotras el apoyo más grande y gordo del que podemos echar mano. Aunque la relación no siempre es tan ideal&#8230;</p>
<p>Por situar la perorata, sinceramente creo que ser madre es fácil. Muy fácil. Extremadamente fácil. Basta con colocarte a una distancia prudencial de tus hijos, observarlos y anticiparte a todos y cada uno de sus movimientos. Si estás pendiente de ellos las 24 horas del día sin ninguna otra cosa más que ocupe tu mente, la historia puede fluir con cierta naturalidad. El problema es cuando necesitas ducharte o ir a mear, ahí la cosa cambia. O cuando de forma natural, o por imitación simpática, decides que necesitas tener un espacio propio para poder vivir. O incluso cuando decides tener un hijo y a la vez una carrera profesional moderada o altamente exitosa. Ahí la has cagado, amiga. Porque entonces necesitarás a alguien que te cubra las espaldas y que pueda sustituirte todos los días de tal a tal hora, más una noche por semana, sólo si eres noctámbula y te gustan los cubalibres y el chachachá.</p>
<p><a href="http://blog-demadre.com/wp-content/uploads/2012/02/imgmary-poppins4.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-1050" title="mary poppins" src="http://blog-demadre.com/wp-content/uploads/2012/02/imgmary-poppins4-241x300.jpg" alt="" width="241" height="300" /></a>Entonces comenzarás a buscar a alguien que se convierta en tu segundo yo, en tu alter ego, alguien en quien puedas confiar con los ojos cerrados, con quien puedas cuadrar horarios y que sienta verdadero amor por tus niños y por tu plancha. Alguien a quien no le importe tirarse al suelo a jugar a los clics o bailar disfrazada de Aurora; que sepa que a las dos se come, normalmente sobre la mesa y no siempre kikos. Encontrar a alguien con todos estos requisitos, y que a ser posible no gane más que tú, es titánica tarea, así que terminas conformándote con encontrar a alguien que sea capaz de sonreír a tus hijos y ya verás qué haces con la plancha&#8230;<br />
<span id="more-1041"></span><br />
El mismo día en que la encuentras te dices a ti misma con ojitos enamorados que parpadean en loca intermitencia <em>“Ay (suspiro) es ella”</em> y cientos de corazoncitos rojos comienzan a pulular a tu alrededor. A partir de entonces establecerás con ella una relación más insana que la de <a href="http://www.youtube.com/watch?v=X6wZlCXA5CQ" target="_blank">Pimpinela.</a>  …“No me dejes, por favor, no me dejes. Te subiré el sueldo. Te dejaré mi habitación. ¡Te haré pastelitos!”</p>
<p>Dependiendo de si das con una rancia o con un ser <em>acaramelao</em>, tu nivel de desquicie variará considerablemente. Porque, ojo, tienes que estar preparada para cualquier eventualidad. Quizá un día se constipe, te mande un sms para comentártelo de pasada y no vuelva a aparecer por tu casa jamás. Al día siguiente comenzará una de esas típicas gimkanas de “El lunes los llevo yo, los recoges tú y el martes los llevo a casa de mis padres ¿El miércoles? Me pido el día. El jueves, me los llevo a la oficina a ver si nos los puede cuidar Peláez….y el viernes, ya veremos”</p>
<p>Pura adrenalina.</p>
<p>En el peor, peor, peor de los casos, puede que te deje por otra más joven que tú o con menos hijos. Y eso ya es el no va más. Si conoces a tu sustituta y su casa se halla en un radio de doscientos metros, encima te verás obligada a sonreír en el parque a aquella por la que antes suspirabas y que para colmo sabe exactamente el estado de tu ropa interior. Punto este altamente importante.</p>
<p>Solita y desamparada llamarás a todas tus amigas, hermanas y cuñadas y comenzará entonces un tráfico de contactos y números de teléfono digno de un <em>trader</em> . Tengo una amiga que tiene una agenda cochambrosa, forrada con papel de regalo del pleistoceno, llena de post-it y con hojas pegadas con celo, que recientemente fue valorada en cientos de miles de millones de euros por la lista Forbes de Agendas. No te digo más.</p>
<p>Como todo en esta vida es cuestión de expectativas, yo hace mucho que le juré amor eterno a Lamía. Nuestra relación ha sufrido altibajos pero en el fondo nos queremos. Le hago la comida que sé que le gusta y trato de que Lasniñas la molesten poco cuando le duele la cabeza. Todo con tal de tener cierto grado de seguridad en que cerraré la puerta de casa y mis hijas estarán bien cuidadas. Ya veré qué leches hago luego con la plancha&#8230;</p>
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<p><a href="http://blog-demadre.com/wp-content/uploads/2012/02/plancha.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-1042" title="plancha" src="http://blog-demadre.com/wp-content/uploads/2012/02/plancha-300x198.jpg" alt="" width="300" height="198" /></a></p>
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